Vladimir de la Cruz

Vladimir de la Cruz

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Miércoles 24 Octubre, 2012


Pizarrón
La Machaca


La Machaca es un instrumento que sirve para machacar, para golpear una cosa para quebrarla o deformarla, es una insistencia, es también una persona fastidiosa, esas que enojan, que producen disgusto y molestia que cansa, que importuna. No es un bichito aunque hace algunos años se le comparó a uno que producía las mismas molestias. A veces produce también asco y repugnancia.
Miguel Angel Agüero, quien desde hace un montonal de años se ha dedicado con maravillosa pluma, humor, respeto incluido, adobado con ácido corroedor, a machacar la conciencia política y social del país, sobre personajes y temas de la agenda nacional y del acontecer político, partidista, económico y social cotidiano, ha sido galardonado con la Medalla José María Castro Madriz, del Premio a la Libertad de Expresión y el Derecho a la Información, correspondiente a 2012.
Es un premio que está excelentemente designado y mucho más, bien merecido. Lleva su Premio el ilustre nombre del Benemérito que exaltó la libertad de expresión y de prensa, como pilares de la democracia nacional, y como ejercicio ciudadano frente al gobernante.
El Machaco, como lo tratan sus más cercanos, y los que le profesamos cariño y devoción de lectura diaria, también nos alegramos, aun cuando hemos estado en sus notas casi luctuosas o guillotinescas de tipo político, y disfrutamos su Premio como si fuera nuestro, si él y la Machaca lo permiten.
La Machaca casi no ha dejado títere político con cabeza, de cuanto aspirante a puesto público ha destacado, y de quienes en ejercicio de esos cargos, presidentes, ministros, diputados, partidos políticos, funcionarios públicos de distintas relevancias, sobresalen o lo intentan y hasta de los que pasan relativamente inadvertidos por el acontecer nacional pero no para sus escudriñadores y agudos ojos, su fino olfato y sus dedos de artista al escribir de los temas y personajes que son objeto de su página diaria.
El oficio de la Machaca es una mezcla de caricatura, de fotografía, de crítica política fuerte, que logra con majestuosidad en pocas líneas trazar, dibujar, decir, exponer y evidenciar grandes problemas, indicar como se mantienen en espiral histórica, de insinuar posibles soluciones, y de burlarse con tono positivo de lo que se hace a medias, o no se hace.
Los temas fotográficos que expone muchas veces son de plano un planteamiento editorial, contundente, sin mucha paja, directo que puede llegar al corazón, al hígado y la bilis de los afectados y de sus seguidores, y sin enojarse con los juicios de La Machaca, porque para muchos salir en La Machaca es saber que existen y respiran, y que por un instante son considerados al menos el centro de mesa del día, o el difunto del entierro, porque para La Machaca no hay muerto malo. En algunos casos sus juicios son como una esquela que todo mundo está pensando y que divierte la forma como lo expresa.
No necesita La Machaca exagerar o distorsionar las apariencias físicas, como se hace en las caricaturas, pero exalta humorísticamente los rasgos de las personas y sus planteamientos políticos para hacernos reír con lo que retrata satíricamente.
No exagero si digo que LA REPUBLICA muchos la empezamos leyendo por La Machaca. ¡¡Mi caluroso abrazo al Machaco!!

Vladimir de la Cruz