Enviar

La mayoría de la población, sometida durante los últimos tiempos a un Estado ineficiente y a gobiernos que no atienden sus principales necesidades, se torna desconfiada


La lógica desconfianza de hoy

Los argumentos de Sutel en su intento por defender los dos años transcurridos sin que los más de $200 millones con que cuenta hayan llevado aún conexión de banda ancha, equipamiento y capacitación a las comunidades que carecen de ello, aparentemente resultan débiles.
La mayoría de la población, sometida durante los últimos tiempos a un Estado ineficiente y a gobiernos que no atienden sus principales necesidades, se torna desconfiada.
Mirar atrás solo es útil si sirve para aprender de los errores y no seguir cometiéndolos. Las instituciones del actual Estado costarricense se mueven en forma sumamente lenta como consecuencia de la desatención y las malas prácticas permitidas en los últimos años por políticas equivocadas y jerarcas consecuentes con dichas políticas.
La población, que no desconoce esto, con lógica mantiene hoy una permanente mirada de desconfianza hacia las instituciones hacia los gobiernos.
Se argumenta por parte de Sutel que ya se inició, luego de dos años, la ejecución del primer programa que comenzaría a cerrar un poco la brecha digital que hoy perjudica a los habitantes de Siquirres.
¿Pueden confiar los costarricenses en que el resto de programas que deben atender a las otras zonas del país en conectividad, equipamiento y capacitación se realizarán trabajando con un mayor rendimiento?
Nos dice Sutel, en nota publicada por este medio hoy, que para iniciar estos trabajos ellos utilizaron datos que tienen el INEC y el MICITT.
Pero también nos dice Sutel que su personal debió realizar estudios yendo a las comunidades a conocer su situación.
Muchos costarricenses, incluida la Defensoría de los Habitantes, que se ha quejado del tiempo que el dinero ha permanecido sin ejecutarse, pueden no comprender lo que aparentemente se ve como una duplicación de funciones.
Se supone que los estudios del INEC deben servir a las instituciones del Estado, justamente para que no tengan que volverlos a realizar, cada una de ellas, con los correspondientes trabajos de campo.
Decíamos a mediados de 2012 en este mismo espacio, que las administraciones tienen décadas de fomentar la existencia de un Estado débil que se fue desactualizando y entrando en obesidad por la sobrealimentación del clientelismo político.
Hoy, como consecuencia de esas malas políticas, la Sutel y otras instituciones del Estado suelen estar en la mira de un contribuyente atento a la forma en que se gasta el dinero público.
Además, no se puede culpar a la población por su percepción de un Estado débil, lento y carente de adecuados controles, porque se ha visto en demasiadas ocasiones pérdida de dinero público por mal uso o por desvío de fondos.
 

Ver comentarios