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Mientras los países no adquieran la madurez, la decencia, la inteligencia y el buen hacer, por el camino de la más amplia libertad de expresión, estarán dando muestras de inseguridad, de malos pasos, en suma, de poco confiables

La libre expresión nos hace grandes

El Día Mundial de la Libertad de Expresión, instituido hace 16 años por la Unesco, se conmemoró ayer pero debemos considerarlo vigente los 365 días del año.
Esta es una fecha que debemos honrar todos y los costarricenses sentirnos satisfechos de vivir en un país donde la ciudadanía puede, en general, expresar libremente su pensamiento.
No podemos olvidar, sin embargo, y debemos evidenciar nuestro dolor ante ello, que hubo periodistas en este país que pagaron con su vida el precio de informar. Una mancha terriblemente negra en la democracia costarricense que no debe ni repetirse ni olvidarse y menos entrar a la nebulosa de la impunidad.
Debemos reflexionar. La fecha se instala para eso, entre otras cosas, para manifestar nuestro repudio a la situación existente aún en algunos países de la América Latina en donde se registra un terrible historial de atentados y actos criminales contra periodistas que no hacían otra cosa que cumplir con su deber.
Es necesario tener claro que mientras los países no adquieran la madurez, la decencia, la inteligencia y el buen hacer, por el camino de la más amplia libertad de expresión, estarán dando muestras permanentes de inseguridad, de malos pasos, de inmadurez, en suma, de muy poco confiables.
Ese no es el destino que queremos para la América Latina ni para el mundo en general. La grandeza de las naciones no se mide ni por su tamaño físico ni por su riqueza material. Es justamente por la magnitud del ejercicio de la libertad de sus ciudadanos por lo que, entre otras cosas, notamos a los grandes de verdad.
Debemos ser un haz de voluntades cada vez más unidas para propiciar un país donde la bandera más grande que ondee a la par de la que nos caracteriza sea la de la libertad y esta no ha de evidenciarse mediante palabras o discursos, sino con hechos.
Una de las principales muestras de grandeza y estatura moral que pueda exhibir un país es la libertad de expresión que gocen sus habitantes. Donde no reine esto difícilmente se pueda concebir que reinen otros derechos fundamentales de la humanidad.
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