La inversión y los niños
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La inversión y los niños

Este es uno de los temas que más me ha apasionado en mi vida profesional, ya que la mayoría de los estudios realizados en torno al ahorro y la inversión están centrados en los adultos y esto tiene sentido, son estos los que generan recursos para poder invertirlos.
Pero el ahorro y la subsecuente inversión terminan siendo hábitos o también aptitudes hacia el dinero. Tradicionalmente, el buen hábito del ahorro no es enseñado a los niños de la misma manera que se enseña, por ejemplo, a cepillarse los dientes luego de cada comida.

En Alemania se han desarrollado estudios un poco más avanzados en esta materia (no habría que sorprenderse ya que este país siempre ha estado a la delantera en materia de educación de niños), que indican que los niños son capaces de entender con bastante facilidad el concepto del dinero y su aplicación, no solamente en la adquisición de bienes y servicios sino también su impacto en el hogar.
Es por ello que el ahorro se puede convertir en una especie de aptitud ante la vida, por ejemplo: al explicársele al niño que se necesita dinero para poder pagar la energía eléctrica que utilizamos en nuestros hogares, el niño puede llegar a concientizar que solo hay que encender la luz cuando es necesario o que hay que apagar la televisión luego de verla.
Este grado de “conciencia” que adopta el niño le permitirá en el futuro poder utilizar sus fuentes de ingreso en el futuro de una manera más conveniente y provechosa. No obstante, como todo aprendizaje, los niños reaccionan mejor a los ejemplos de los hogares, que a la imposición; por ejemplo, si usted es de los que deja la luz encendida a cada rato no puede pretender que su hijo la apague ni mucho menos puede forzarlo a hacerlo, como dice el refrán: “La Ley entra por casa”.
Otro de los elementos que se pueden lograr es que el niño realmente dé valor a las cosas, ya que cuando los niños tienen acceso al dinero, debido a las mesadas, regalos, entre otros, suelen querer gastarlo inmediatamente, porque no valoran en un principio ni su poder adquisitivo ni el esfuerzo para obtenerlo. Es por ello que siempre se le debe presentar al niño el hecho de que si gasta todo su dinero comprando, por ejemplo, golosinas, no podrá adquirir también un libro de cuentos o un juguete, lo que les hace valorar las opciones y tomar la decisión que mayor “satisfacción” les genera.
Es muy importante que los niños estén expuestos a estos conceptos y que tomen estas decisiones en la seguridad de su seno familiar, con lo cual estarán ganando mayor confianza y la capacidad de sacar mayor provecho a sus opciones futuras.

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Twitter @alfredopuerta

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