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Viernes 10 Julio, 2015

Al hablar sobre acreditación universitaria, considero que esta no es el fin de la calidad, sino la base mínima para el debate

La importancia de la acreditación universitaria

Yo sé bien qué es salir del colegio y entregarse a la onerosa tarea de elegir carrera y su respectivo centro de estudio. Opiniones vienen y van entre los infinitos factores a tomar en cuenta para elegir universidad. Algo seguro es la búsqueda genuina de la calidad por una gran mayoría, quienes buscan la mejor formación para afrontar los desafíos del mercado laboral.
Empero, ¿qué es la calidad o de qué realmente hablamos al mencionarla? La respuesta a esa pregunta genera toda una discusión importante, sin embargo, al hablar sobre acreditación universitaria considero que esta no es el fin de la calidad, sino la base mínima para el debate. Hay dos beneficios no tan evidentes para el estudiante que el proceso de acreditación proporciona y los cuales constituyen los requerimientos necesarios para alcanzar la excelencia. Estos van más allá de la certificaciones y la preferencia por parte de los empleadores.
El primer beneficio se relaciona con la construcción colectiva de la mejora. La fase de autoevaluación que exige, como primer paso, el Sistema Nacional de Acreditación de la Educación Superior (Sinaes) permite la colaboración de todos los actores involucrados en el proceso de educación en un centro de estudios. No puedo olvidar el grupo focal al que asistí como estudiante con el fin de buscar la acreditación de mi carrera. Generar la conversación fue sumamente fácil, ¡todos teníamos algo que aportar! No solo se trataban de quejas, también de posibles soluciones. Esa reflexión interna es básica, justa y necesaria; no se puede concebir la calidad aislada de un análisis general de la situación.
Si el proceso anterior descrito no se convierte en un elemento de la cultura organizacional en una institución educativa, no hay forma de conocer las necesidades reales y, aún más preocupante, los mejores remedios a los problemas encontrados. Una comunidad universitaria que no se autoexamina constantemente está condenada al estancamiento.
Por otro lado, la crítica externa es igual de necesaria que la autoevaluación. ¿Cómo podemos hablar de calidad sin antes conocer qué ocurre y cómo se hace en otras partes del mundo? Definitivamente, los estudiantes queremos aprender de las mejores prácticas y dominar los más modernos conceptos. El segundo beneficio de la acreditación es precisamente la obligatoria sublimación de la educación hacia estándares internacionales competitivos. Las carreras certificadas por Sinaes han sido evaluadas por expertos invitados de otros países. Esa confrontación entre lo que creemos hacer bien y las consideraciones de alguien proveniente de otro contexto, es la clave para surgir en un mundo globalizado. Estudiar una carrera que normalmente se someta a esta evaluaciones nos da mayor seguridad de que los programas de estudios son más acordes a la realidad mundial.
En conclusión, la importancia de acreditar una carrera es, en su más elemental función, asegurar un fundamento en el cual se podrán construir aun más recursos que persigan la mejora en la educación superior. Por lo tanto, este camino debería ser impostergable para toda la oferta académica del país. Repito, la acreditación no debería ser el fin de calidad, por el contrario, el primer gran paso.


Primer lugar certamen “10 mejores historias de Gobierno 2.0”, promovido a nivel latinoamericano por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), 2014

Jean Pierre Mora Casasola