Leopoldo Barrionuevo

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Sábado 6 Noviembre, 2010


Elogios
La imagen del manantial


Cuenta la mitología griega que Narciso, hijo del dios Cefiso y la ninfa Liriope, era tan bello que su madre hizo retirar los espejos cercanos para evitar que se enamorara de sí mismo, hasta que un día quedó prendado de su reflejo en las aguas de un manantial. Hay que reconocer que mucha gente hace lo mismo con el único riesgo de que los espejos se hagan pedazos o los manantiales se conviertan en surinamis.
Mi hija Mariale no ha buscado espejo alguno más que los habituales pero sí ha escogido la carrera de ayudar a los narcisos no privilegiados por la belleza para que se vean como desean que los demás los vean, sea porque eligen una carrera política, artística, farandulera, empresaria o de glamour emparentado con verse bien. Yo ignoraba que existía tal profesión, pero ella se me apareció con un postgrado sobre el particular y ahora está tramitando estudios superiores en estilismo, moda, publicidad y medios audiovisuales. Lógicamente, los estudios no provienen de nuestros países, pese a que los cambios avanzan a una velocidad inverosímil y en algún momento los veremos por Tiquicia, no lo duden.
“Cosas veredes, Sancho, que harán temblar las paredes”, si bien nunca esta frase se escuchó de la boca del Caballero de la Triste Figura, aunque hubiera sido oportuna.
Me tranquiliza que el día menos pensado mi hija menor no intentará llegar a Uruguay para cambiar la imagen campechana de Mojica, tan oportuna y auténtica o que de pronto intente embellecer a Chaves y le mejore el vocabulario o que pretenda dar un aire intelectual a la figura de Daniel Ortega y mayor fama de valiente a Correa para poner pecho a las balas o que le quite a Evo la fama de pendenciero cuando le da un rodillazo en salva sea la parte a un adversario futbolero o le enseñe a sonreír a Oscar Arias o a ser simpático a Rodrigo. La vida perdería su encanto.
Pero comentarios aparte me pregunto si una figura pública como las nombradas o bien la de un artista o un futbolista, pueden modificarse y coincidir con las expectativas del público y “caer bien”, lo que es equivalente a la profesión del paracaidista que cae bien porque sabe tirarse.
Esta —para mí— nueva profesión pasa por varias sectores que a su vez se complementan en la medida que forman parte de un todo y ello ocurre cuando un estilista diseña estilo e imagen de muy diversas actividades destinadas a coordinar el mensaje que alguien quiere dar como impacto visual.
El arte tiene que ver con la moda y esta con pasarelas, ferias, desfiles, showrooms y estos a su vez con escaparates, sesiones de fotografía, revistas, catálogos, maquillaje, pero muy especialmente con conquista por la imagen, algo en lo que suelen fallar las figuras sociales al recurrir solo parcialmente a una imagen que requiere modales, distinción, modo de conducirse y no solamente cirugías y peinados.
Hay muchos cambios que contemplar y adoptar, algunos superficiales y otros decisivos y para nadie es un secreto que artistas, futbolistas y políticos internacionales contratan asesores de imagen para “mejorarse” y uno de los inventores fue David Beckham, porque la venta de productos de merchandising como las camisetas del “humilde y encantador” Lionel Messi compiten en muchos millones de euros con lo recaudado con sus rivales más consistentes, tal como Cristiano Ronaldo. Es decir, hoy no basta con pegarle bien al balón, además se debe ser “atractivo” porque ser odioso como Diego Armando significa también tener “imagen”, depende para quiénes.
De todos modos, van a ver ustedes la competencia que a nivel político se entablará para las próximas elecciones, en el estreno de trajes Armani, corbatas haciendo juegos con camisas de finos casimires, peinados juveniles pero les recomiendo un sastre de barrio para que los dedos dejen de asomarse tímidamente de las mangas y los gestos estudiados no conduzcan invariablemente a los candidatos a besuquear güilas impunemente.
De todos modos, siempre la sabiduría popular tendrá un aforismo para apuntalar a los pachucos que intenten mejorar su imagen, porque como decía Martín Fierro: “al que nace barrigón, es al ñudo que lo fajen”.

Leopoldo Barrionuevo
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