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Jueves, 13 de diciembre de 2018



COLUMNISTAS


La historia se repite

| Jueves 31 mayo, 2012




No se consideró la experiencia vivida en tiempos pasados y la historia se repitió, solo que en esta oportunidad no fueron extranjeros los responsables de los manejos turbios sino que, aparentemente, se dieron entre nosotros mismos

La historia se repite

A finales del siglo XIX nuestra economía dependía del cultivo y exportación del café, que se hacía con dificultad vía Puntarenas, requiriéndose con urgencia la apertura de los mercados europeos, para lo cual resultaba imprescindible abrir una ruta hacia el Mar Caribe para exportar vía Océano Atlántico.
El presidente Tomás Guardia firmó un contrato con Henry Meiggs Keith, el que fue posteriormente traspasado a su sobrino Minor Keith, para la construcción de un ferrocarril al Atlántico en 1871. Debido a las condiciones insalubres de la zona y la falta de mano de obra, fue necesario importar trabajadores de Jamaica, Curazao, China e Italia, por cierto estos 727 jóvenes provocaron la primera huelga de que se tenga noticia en nuestro país. El ferrocarril fue finalizado en 1890 requiriéndose la renegociación de sus términos y comprometiéndonos a ceder más de 300 mil hectáreas de nuestro territorio por 20 años, que fue donde se desarrolló el cultivo del banano; además, debimos entregar a los constructores la explotación de este medio de transporte por 90 años.
La parte oscura de esta negociación y que nos debió servir de ejemplo, fue la pérdida económica que representó para el Estado costarricense debido a que el presidente Guardia se comprometió a aportar 600 mil libras esterlinas del Tesoro Nacional y se adquirieron préstamos en que participaron como representantes de nuestro país banqueros ingleses deshonestos. Los montos formalizados en uno de ellos fueron sensiblemente disminuidos ya que se negociaron por un millón de libras esterlinas a una tasa de interés del 6% anual y nuestro país recibió únicamente el 52% del total pactado. Posteriormente se hizo un segundo empréstito a otra firma británica por 2 millones cuatrocientas mil libras al 7% anual de intereses pero solo se recibieron 900 mil libras. En resumen, de más de 3 millones de libras adeudadas en los dos primeros empréstitos, el país recibió solamente alrededor de un millón y medio.
Respecto al primer préstamo, los encargados de representarnos fueron denunciados y condenados por los tribunales de Gran Bretaña al comprobarse que se habían vendido a los acreedores.
Ya en el siglo XXI nuestro país se vio súbitamente despojado de un derecho de navegación por el río San Juan que había disfrutado desde su independencia de 1821, derecho que está consignado en los tratados limítrofes, enfrentando amenazas del ejército de su vecino del Norte y limitando el traslado de estudiantes, comerciantes y turistas que solían utilizarlo para desarrollar sus actividades. Para los costarricenses, país sin ejército y cuna de la democracia centroamericana, era urgente tomar una decisión que resolviera el problema y fue así como la Presidenta dispuso construir una carretera mediante un decreto de emergencia, proyecto que ha avanzado rápidamente y que nos demostró que con empeño y buena voluntad se pueden lograr grandes obras.
Lamentablemente en esta oportunidad no se consideró la experiencia vivida en tiempos pasados y la historia se repitió, solo que en esta oportunidad no fueron extranjeros los responsables de los manejos turbios sino que, aparentemente, se dieron entre nosotros mismos. La historia se repitió.

Alfredo Blanco Odio