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Miércoles 13 Octubre, 2010

La herencia de una visionaria

En nombre de Francia y de la misión que represento, quiero por este medio rendir un sentido homenaje a doña Virginia Pérez-Ratton. Me mueven diferentes razones para ello.
Al ser Virginia Pérez-Ratton de nacionalidad costarricense y también francesa, era mi compatriota al igual que de todos los ticos.
Su quehacer en los campos artístico, académico y de investigación, puesto al servicio del intercambio entre culturas y pueblos, hizo de ella una verdadera embajadora cultural.
Sus conocimientos y su pasión por el arte y diseño contemporáneos fueron más allá de su país natal. Ella llevó su aporte a toda la región centroamericana y del Caribe, al mismo tiempo que tendió puentes hacia el otro lado del Atlántico.
Los encuentros que impulsó doña Virginia, entre exponentes de las más diversas manifestaciones artísticas expresadas en una inmensa variedad de lenguajes, permitieron el enriquecimiento de artistas centroamericanos y de otras nacionalidades, entre ellas los franceses.
Su gran labor fue reconocida por nuestros dos países. El Estado costarricense le otorgó este año 2010 el Premio Magón por su trayectoria y aporte a la cultura costarricense, consagrándola como una de las mayores figuras de la cultura de este país. Asimismo, su gran contribución a la difusión de la cultura y la lengua francesas mereció que mi país la distinguiera como Caballero de la Orden de Artes y Letras en el año 2000.
La visión de esta pionera del arte y diseño contemporáneos, que impulsó a los jóvenes talentos, promovió el intercambio entre artistas de diversos orígenes geográficos y culturales, y difundió además las diferentes expresiones artísticas contemporáneas, es el gran legado que Virginia Pérez-Ratton deja a Costa Rica y los países de esta región y también a Francia.

Fabrice Delloye
Embajador de Francia