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Ya no puede haber piedras en el camino capaces de despojarnos de la alegría que sentimos de saber que, aunque en territorio pequeño, podemos ser grandes. ¿Qué tal si lo hiciéramos en todo los demás? ¡Imagínense!


La grandeza no se mide por el tamaño
 

Imposible pensar en otra cosa en un día como hoy en el que, además, es muy bueno que todas las mentes estén pensando en positivo y vibrando en el mejor de los tonos para apoyar a la Selección Nacional de Fútbol. Ojalá el Cosmos todo se acomode a su favor porque creemos que lo merece.
De todos modos, y sin importar el resultado del partido de hoy, es bueno hablar un poquito de esto, de que se lo merecen. De la satisfacción que debe sentir cada uno de los jugadores de la querida Sele, porque saben que nada les fue regalado ni lo obtuvieron por la vía fácil.
Por el contrario, tuvieron que bregar por un camino no siempre empedrado con buenas intenciones. Pero de eso no vale la pena hablar. La Sele estuvo por encima de ello.
Lo importante es reconocer el trabajo de los seleccionados y quienes los dirigieron (nutricionista incluida) bajo la batuta de Pinto. Porque lamentablemente en Costa Rica —y por qué no decirlo— también en el resto del mundo, hay muchos que han ido adquiriendo la costumbre de que el éxito viene por diversos senderos o trochas raras y oscuras, en vez de llegar gracias al luminoso esfuerzo, la disciplina, la honestidad, la conciencia de que hay que aprender algo cada día, y al respeto por los demás.
Es de suma importancia que recordemos que una de las cosas que más necesitan nuestros niños y adolescentes hoy es héroes culturales a quienes imitar.
Estos pueden ser futbolistas o personas dedicadas a otros deportes, científicos, artistas o pertenecientes a cualquier otra área de la actividad humana a que se dediquen, incluida la importantísima de ser madres y padres, a condición de que sean honorables, esforzados, trabajadores, solidarios, entre otras buenas cualidades y que se sientan felices por serlo.
Quien descubre la felicidad por ese camino SÍ merece ser admirado e imitado. Valdrá la pena.
Por eso, mientras disfrutemos hoy del nuevo juego al que se enfrentará nuestra Selección, tengamos conciencia clara de todo lo que tuvieron que esforzarse para que todos, ellos y nosotros, pudiéramos disfrutar tanto de este Mundial, sin importar el resultado de hoy.
Ya no puede haber piedras en el camino capaces de despojarnos de la alegría que sentimos de saber que, aunque en territorio pequeño, podemos ser grandes.
¿Qué tal si lo hiciéramos en todo los demás? ¡Imagínense!



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