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CINE
La garantía cinematográfica de John le Carré


No es habitual que las páginas de un libro mantengan la esencia en su traslación al cine, un privilegio del que John le Carré casi siempre ha disfrutado gracias a cintas tan excelentes como “The Spy Who Came From the Cold”, “The Constant Gardener” y, ahora, “Tinker Tailor Soldier Spy”, con Gary Oldman.
¿Qué tiene John Le Carré para que mantenga un nivel tan alto en sus experiencias cinematográficas?
Será lo agradecido del espionaje, la vigencia de la Guerra Fría o el ritmo casi cinematográfico de sus novelas, pero “Tinker Tailor Soldier Spy” vuelve a ser señalada como uno de los títulos del año.
Recibida calurosamente en la Mostra de Venecia, es dirigida por un maestro de la sutileza como es el sueco Thomas Alfredson y protagonizada por un trío de ases formado por Gary Oldman, Colin Firth y John Hurt.
El libro, escrito en 1979, había tenido una adaptación televisiva protagonizada por Alec Guinness, pero la vuelta de tuerca que le da Alfredson busca contención, tiene una influencia más pictórica o musical que literaria y profundiza en el subtexto antes que en la trama fáctica, protagonizada por el agente que une cinco novelas de Le Carré, George Smiley.
El perenne tirón del espionaje en lo literario y en lo cinematográfico fue explicado por el propio John Le Carré cuando, además de prestar su novela “The Tailor of Panama” a John Boorman, produjo y escribió el guion de su adaptación cinematográfica, estrenada en la Berlinale de 2001 y ajena ya a la bipolaridad de la Guerra Fría.
“Es posible que con la caída del Telón de Acero los espías hayan perdido fuerza en términos de relato, pero siguen ahí. En el mundo siempre habrá espías”, sostuvo entonces el escritor, para quien lo nuevo es que “los espías de ahora no se mueven por ideales sino por dinero”.
Aquella película no fue una de sus adaptaciones mejor recibidas, pese a las interpretaciones de Pierce Brosnan, Jamie Lee Curtis y Geoffrey Rush, aunque él, hombre que tampoco en las letras se ha dejado seducir por el reconocimiento externo —rechaza por sistema cualquier galardón—, siempre ha defendido el filme.
En cambio, la traslación fidelísima que Martin Ritt realizó de “The Spy Who Came From the Cold”, su primer gran éxito de ventas, es considerada unánimemente un clásico del cine, apoyada en la soberbia interpretación de Richard Burton y a pesar de que dejó transcurrir solo dos años entre la publicación y el estreno, que tuvo lugar en 1965.
Un año después, otro director de renombre, Sidney Lumet, contaba con James Mason como el agente Smiley y, adaptando su primera novela, “Call for a Dead”, logró el éxito en Reino Unido y optó a cinco premios BAFTA, aunque la buena racha se rompió con la olvidable “The Looking Glass War”, protagonizada por un joven Anthony Hopkins.
“The Little Drummer Girl”, protagonizada por Diane Keaton y dirigida por George Roy Hill, y “The Russia House”, con Sean Connery y Michelle Pfeiffer y guion de Tom Stoppard, mantuvieron un nivel digno que volvió a subir a la excelencia con “The Constant Gardener”.

Madrid / EFE
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