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Aquella persona que tuvo que pasar un examen teórico práctico para obtener su licencia de conducir, hace luego lo que le viene en gana cuando ya está en la calle al frente de un volante o en una motocicleta. Nadie la detendrá para imponerle la correspondiente multa


La farsa de la ley de tránsito

Una serie de leyes y reglamentos que no se cumplen en Costa Rica, permanecen ahí, en el papel, casi como una burla a una población que probablemente en su momento, cuando dichas leyes fueron aprobadas, creyó que realmente le iban a solucionar un problema.
Uno de esos casos —de suma gravedad porque el incumplimiento puede atentar contra la vida de las personas o, en otros casos, producir accidentes o aumentar el atascamiento permanente de vehículos en las calles de la ciudad— es la ley de tránsito.
Se le exige a cada persona que solicita un carné de conducir, la aprobación de un examen teórico práctico que contempla una serie de reglas que cada aspirante debe conocer y tomar muy en cuenta porque se supone que violarlas constituye una infracción que la obligaría a pagar una multa, más o menos alta según el caso.
Todos sabemos, sin embargo, que en las calles las infracciones se cometen constantemente por miles, pero no sucede nada. Aquella persona que tuvo que pasar el examen para obtener su licencia de conducir, hace luego lo que le viene en gana cuando ya está en la calle al frente de un volante o en una motocicleta. Nadie la detendrá para hacerle la correspondiente multa. Y a esto, lamentablemente, ya estamos acostumbrados.
Hoy se busca aumentar el número de policías de tránsito que circulen por las calles para que, supuestamente, hagan cumplir la ley.
Lo anterior se lograría mediante la incorporación a esas tareas de oficiales municipales.
La gran interrogante que tenemos es si esta nueva acción cambiará en algo las cosas, o si lo único que cambie sea el número de policías de tránsito en las calles pero se mantenga igual la cantidad de infracciones diarias.
Esto solo lo sabremos cuando se nos rinda cuenta sobre cuántos partes diarios se hacen y cuando los conductores responsables comiencen a notar que ya no hay adelantamientos en falso, saltos de semáforos en rojo, vehículos estacionados donde no se debe, giros en U o cruces sobre doble línea amarilla, para mencionar solo algunas de las infracciones que son ya aceptadas por los costarricenses como si no lo fueran.
Hemos aprendido a ser tolerantes con cualquiera que incumpla la ley de tránsito porque, de por sí, en cualquier momento seremos nosotros quienes la violen.
La gran pregunta que debemos respondernos, los conductores por un lado y las autoridades por otro, es si esta es la Costa Rica que queremos.

 

 



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