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Sin adecuados controles sobre el accionar de las instituciones públicas no podrá el país salir adelante

La falta de controles es una realidad

Un incumplimiento del Consejo Nacional de la Producción (CNP), al no utilizar el dinero que debía y en la forma adecuada para el Plan Nacional de Alimentos, suscita preocupación y especulaciones sobre el destino de aquella institución que acaba de ser cuestionada seriamente por el escándalo en torno al proyecto de ley para condonar deuda a pequeños agricultores.
Es necesario tener claro que cuando las instituciones fallan, esto se debe a las acciones u omisiones de quienes las dirigen y de quienes deben supervisar a estos. Desde sus más altos jerarcas hasta sus mandos medios. Y esto es válido no solo para el CNP sino para todas las entidades con que cuenta el Estado para administrar el país.
En demasiadas ocasiones los costarricenses comprueban el fracaso de proyectos más o menos bien concebidos porque no fueron debidamente implementados y como gerencias y jefaturas brillaron por su ausencia en materia de controles. Sin estos controles no podrá el país salir adelante y es esta una gran tarea pendiente.
Estos controles, de los que carecen en demasiados casos nuestras instituciones, serían los que impedirían que su misión se vea desvirtuada por desidia, displicencia, injerencia política o corrupción.
Costa Rica necesita de sus instituciones pero estas deben ser eficientes y profesionales. Es decir, que han de estar a cargo de personas idóneas nombradas por su capacidad y su espíritu de servicio y no por razones espurias. Este tipo de jerarcas son los que ejercen el debido control y obligan a hacerlo a sus mandos medios.
En el CNP suponemos que debe haber un departamento con funciones de control técnico, de auditoría y legal, que tienen la obligación de estudiar todo lo relacionado con los proyectos de la institución y estos informes deben ser estudiados por los máximos jerarcas. Si en estas instancias los sistemas de control fueran eficientes la entidad podría cumplir su función ahora y en cualquier momento.
No obstante, no es esa la situación. Y no se trata de exagerada desconfianza de los costarricenses lo que los lleva a dudar sobre el buen uso de los recursos públicos. Lamentablemente, se trata de una realidad cuyas consecuencias salen a la luz pública por medio de la prensa un día sí y otro también.
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