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Jueves 13 Agosto, 2009


La dolarización se debe considerar


Según Milton Friedman, la mejor política monetaria para un país pequeño consiste en “unificar su moneda con la de un país grande, relativamente estable y desarrollado, con el cual mantiene relaciones económicas cercanas…”
En otras palabras, Costa Rica, que indudablemente cae dentro de esta categoría de países, más si tomamos en cuenta que constituye la segunda economía más abierta al comercio exterior e inversión extranjera de Latinoamérica, debería adoptar el dólar como su moneda oficial.
Sin embargo, la dolarización del país no se encuentra en la “agenda” del gobierno y el tema ni siquiera aparece de forma seria en las discusiones sobre el rumbo de la política monetaria, lo cual considero sorprendente.
En la discusión actual se mencionan dos alternativas en relación al manejo del tipo de cambio: mantener el esquema de las bandas cambiarias o pasar al sistema de fluctuación administrada. Ambas tienen sus grandes defectos: las bandas han obligado al Banco Central a intervenir constantemente para que el tipo de cambio no pase de los límites establecidos (principalmente el superior), lo cual conlleva presiones inflacionarias importantes. Una fluctuación libre conlleva un gran riesgo, sea para los exportadores si el colon se revalúa (en Colombia y Brasil muchas empresas dejaron de exportar por esta razón), sea para el consumidor, especialmente el de menores recursos, con una fuerte devaluación de la moneda local (lo que Costa Rica sufrió a principios de los años 80).
En ambas alternativas, el manejo de las tasas de interés, el cual debería estar ligado completamente a estimular o desestimular la economía, seguirá relacionado en gran parte con el fortalecimiento o debilitamiento del colón con respecto al dólar, con todas sus implicaciones negativas.


La dolarización debería mencionarse ya en serio como una tercera alternativa. Esta se podría llevar a cabo en Costa Rica sin un “shock” mayor por ya encontrarse la economía en gran parte dolarizada. Otros países dolarizados como Panamá, El Salvador e inclusive Ecuador demuestran experiencias positivas. Eliminaría el elevado costo de intercambio e introduciría un clima más estable para el sector empresarial y más interesante para la inversión extranjera.
Y, más importante que cualquier otro argumento, parece ser la única alternativa para disminuir estructuralmente la inflación, cuyo nivel históricamente bajo este año obedece a factores extraordinarios y no controlados, pero que ya para 2010 asoma su cabeza (estimación de Ecoanálisis: 8%).
Es hora que se inicie un análisis serio, técnico y no politizado sobre la dolarización en Costa Rica, antes de que se tome el siguiente paso en el manejo del tipo de cambio. La falta de considerarla como una opción viable puede generar más inestabilidad, más inflación, menos desarrollo y más pobreza que lo que muy posiblemente se lograría con un país dolarizado.

Presidente
Federación de exportadores de ornamentales de Costa Rica