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Con nuestro ejemplo estamos forjando generaciones a las que más les interesará parecer que ser

La doble moral

La situación en Costa Rica nos induce a pensar que estamos viviendo de apariencias. Una historia de glorias pasadas alienta aún una sociedad que proclama externamente valores cuya vigencia se extingue cada vez con mayor celeridad.
El relativismo moral permite a cada quien regirse por su propia escala de valores, como si la veleta marcara la dirección al viento.
Nuestros hijos aprenden que su país es uno de los más comprometidos con la naturaleza, mientras despachamos concesiones irresponsables con el ambiente y lanzamos al agua cuanta porquería haya.
Enseñamos a los niños, con nuestros actos, que el deber electoral está por encima de nuestro compromiso con la democracia o la participación ciudadana. En fin, nuestro ejemplo está forjando generaciones a las que más les interesará parecer que ser.
Pero esta doble moral la encontramos en casi todas las latitudes. Regímenes del Este y el Oeste, el Norte y el Sur, que hace un año aún se consideraban pilares firmes de la economía y la democracia, ejemplos invaluables de decencia y progreso, caen como meteoros ante verdades que salen a la luz.
Muchos medios de comunicación no están exentos de responsabilidad; algunos no titubean en desvirtuar la noticia hacia sus propios intereses.
Entre tanto, el estruendo de una juventud indignada ensordece al mundo; procede de los más diversos lugares, sin importar credos ni ideologías, económicas o políticas.
Los jóvenes desaprueban el accionar de sus antecesores y los supervivientes del viejo orden aún se atreven a considerar las protestas como manipulaciones procedentes de sus opositores.
Muchos de estos jóvenes, por no decir su mayoría, se criaron en matrimonios donde se fingen valores, padres de familia que descuidan a sus hijos por producir riqueza y se desentienden de una educación en los valores.
Bien haría Costa Rica, y más aún cada ciudadano, en replantearse qué clase de jóvenes estamos formando. La actualidad mundial dibuja un panorama sombrío para quienes hoy dirigen el mundo.
Es necesario entender que los modelos de desarrollo que hasta ahora hemos seguido, quizás sean válidos en cuanto a la industria y el comercio. Estos esquemas, en cuanto a valores, dejan mucho que desear y, esto, la juventud ya lo sabe
Los niños costarricenses aprenderán no con instrucciones abstractas, sino copiando los actos de padres y seres queridos. Si queremos que crezcan en virtudes como la honestidad, tenemos que dejar de lado el sofisma.


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