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Las fuerzas naturales apremian a replantearnos el carácter indómito y peligroso de la poderosa energía nuclear

La doble cara del átomo

Las bombas nucleares lanzadas sobre Hiroshima y Nagasaki, en 1945, con un saldo de 220 mil muertes en cuestión de horas, desencadenó un pánico universal que hizo a la humanidad vivir durante medio siglo una especie de existencia provisional, en espera de que lo peor ocurriera en cualquier momento.
En los últimos tiempos, la energía nuclear se había creado una buena prensa, como posible solución a los desastres del presente siglo: las crisis económica, energética y ecológica.
Ahora, la catástrofe de Japón desata una súbita cruzada contra este tipo de energía. Las posiciones a favor o en contra de la generación nuclear tienen, ambas, argumentos sólidos y se sustentan en experiencias científicamente responsables.
Sin embargo, las fuerzas naturales nos apremian a replantearnos el carácter indómito y peligroso de una energía tan poderosa.
Tras los atentados contra las Torres Gemelas en 2001, no es posible excluir la posibilidad de ataques a una central atómica, actos terroristas contra reactores, vandalismo cibernético, la inevitable probabilidad del error humano o, como en este caso, las fuerzas telúricas.
Un problema pendiente sobre este tipo de energía es la basura nuclear, a la fecha no existe un solo depósito adecuado para botarla en ningún lugar del mundo.
Además, la escasez del crudo es argumento cuestionable, por cuanto las existencias de uranio conocidas a la fecha podrían alcanzar, a lo sumo, para un siglo más.
Los desastres de Chernóbil en 1986, en Three Mile Island (EE.UU., 1979), Rusia y Gran Bretaña en 1957, son señales que la pingüe industria nuclear no debe ignorar si espera sobrevivir como negocio.
Con acierto, Costa Rica pequeño en geografía, sí con voz potente se pronuncia a favor de energías alternativas como la solar, eólica, geotérmica y otras que prometen un ecosistema sostenible, pero sobre todo, la supervivencia de la humanidad.
El progreso sin duda se basa en la disponibilidad de fuentes de energía y su demanda seguirá en aumento, pero la naturaleza reacciona cada vez más subversiva, declarando a la humanidad como un huésped non grato en el planeta.


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