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COLUMNISTAS


La democracia y sus enemigos

Arnoldo Mora [email protected] | Viernes 27 febrero, 2015


Los costarricenses debemos apelar a nuestra probada madurez política para fortalecer el Estado Social de Derecho, la mayor conquista histórica de nuestro pueblo


La democracia y sus enemigos

El bipartidismo, imperante durante los decenios de la última posguerra, ha sufrido un duro golpe en las últimas elecciones. Un equipo que representa en alguna medida el antineoliberalismo ha llegado a Zapote.
Lo propio de esta situación se debe a la pérdida del consenso social y este vacío ha sido llenado por el antagonismo exacerbado que caracteriza la lucha de clases. En un mundo pluripolar en el ámbito de la geopolítica mundial se impone la bipolaridad en el ámbito doméstico. En Costa Rica han surgido fuerzas sociales provenientes de la juventud, de las clases medias urbanas y de propietarios agrícolas marginados por los tratados de libre comercio, que han conquistado el poder formal, pero se enfrentan a los sectores neoliberales que se aferran al poder real.
El choque entre el poder legal y los poderes fácticos está a la raíz de la incontrolable violencia en que vive un país, donde los carteles del narcotráfico mejicano ensangrentan las calles de los barrios capitalinos y la región del Caribe.
Esto explica la crisis de los partidos tradicionales, cuya decadencia se refleja en el hecho de que sus funciones se reducen a proponer listas de candidatos y programas que tienen un marcado sabor a propaganda electoral.
Todo lo cual ha hecho que la democracia, tal como la concibe nuestra Constitución, se vea socavada por la desembozada presión y chantaje del sector financiero, aupado por medios de comunicación convertidos en seudopartidos políticos y “legitimados” gracias a una burocracia enquistada en órganos contralores del poder político (Contraloría, Procuraduría, Ministerio Público) y diseminada en todo el aparato del Estado, especialmente en el Congreso.
Con ello tratan de imponerse a la voluntad popular expresada en las urnas. Tal es el drama a que hoy se enfrentan los sectores auténticamente democráticos. Los poderes fácticos no ven la política como una confrontación de ideas sino como una guerra; no ven la política como espacio donde se expresa la libertad colectiva sino como un campo de batalla donde solo sobrevive el más fuerte; donde el enfrentamiento dialéctico ve adversarios, ellos ven enemigos a extirpar.
No olvidemos que, en el ámbito mundial, esta satánica concepción del poder ha engendrado el EI que ahora, como el aprendiz de brujo, no pueden controlar.
La única respuesta a esta infame perspectiva es devolver al quehacer político su naturaleza original donde la razón domine sobre la violencia.
Sin esperar llegar a los extremos de barbarie que hoy viven vecinos como México y Honduras, los costarricenses debemos apelar a nuestra probada madurez política para fortalecer el Estado Social de Derecho, la mayor conquista histórica de nuestro pueblo.

Arnoldo Mora


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