Juan Manuel Villasuso

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Martes 13 Abril, 2010

Dialéctica
La culpa es también del dólar

La devaluación del dólar respecto al colón, que se viene produciendo desde hace varias semanas, tiene preocupados a muchos y sonrientes a otros. Como siempre sucede cuando cambian las condiciones económicas, ya sea por la mano invisible de los mercados, o por la del gobierno que algunos consideran “peluda”, hay quienes se benefician y quienes resultan perjudicados.
Entre los economistas todavía no hay una opinión definitiva sobre lo que está sucediendo. Existen hipótesis que se acomodan a las concepciones de cada uno y que buscan respaldo en las cifras y en los hechos, pero una explicación clara, concreta y sustentada, aún no la hemos escuchado, ni siquiera de las autoridades monetarias.
Hay que reconocer, desde luego, que deducir esa explicación no es tarea fácil. Entender como funciona un mercado que no es transparente ni de competencia y que puede estar sometido a intereses espurios y a la codicia desenfrenada, como hemos constatado durante esta crisis en la mayoría de los mercados, es tarea poco menos que imposible.
Pero también porque en el mercado cambiario costarricense falta información. Por ejemplo, no sabemos quienes son los compradores y vendedores de dólares, ni la frecuencia y monto de sus transacciones, por lo que no es factible determinar si existe especulación o no. Tampoco conocemos los flujos de dólares vinculados con el narcotráfico, que no se contabilizan en las estadísticas oficiales.
Estos dos elementos, la especulación y los movimientos ilegales de divisas, podrían estar incidiendo en el comportamiento del tipo de cambio, no solo en esta coyuntura sino de manera más sistémica, dada la excesiva amplitud de la banda cambiaria.
Pero más allá de estas consideraciones, los datos del Banco Central muestran que efectivamente se ha producido un aumento en la oferta de dólares y que las reservas internacionales del sistema bancario nacional se incrementaron en el último año en más de $1,100 millones.
Esto se debió a que el desequilibrio comercial se redujo en 2009 de $5,868 millones a $2,618 millones, consecuencia de una drástica caída en las importaciones; y aunque la inversión extranjera, las remesas y el turismo sufrieron contracciones estas no fueron tan violentas como la merma en el déficit del intercambio de bienes y servicios.
Así las cosas, en el mercado cambiario parece existir una abundante oferta de dólares que podría sustentar una reducción temporal del tipo de cambio. Sin embargo, ese excedente no parece justificar una disminución tan grande (cerca del 11%) y durante un periodo tan prolongado (ya supera los tres meses).
Por eso podría plantearse que lo que está sucediendo en Costa Rica con el dólar también está relacionado con el devenir del propio dólar.
Más específicamente, con la política monetaria de la Fed, el Banco Central de Estados Unidos, cuya intervención en la economía ha mantenido las tasas de interés en casi cero desde hace muchos meses con el fin de reactivar el aparato productivo y reanimar el consumo.
Con tasas de interés tan bajas las inversiones financieras tienden a buscar nuevos horizontes y se mueven internacionalmente a la caza de oportunidades en otros países. Esos “capitales golondrina” podrían estar aterrizando en el territorio nacional y causando ruido en las cotizaciones del dólar.
Ante esta situación algunos dirán que hay que volver a las minidevaluaciones y otros repetirán la monocorde melodía de la dolarización. Pero el frío no está en las cobijas.


Juan Manuel Villasuso