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Viernes 21 Agosto, 2009

La crisis se muerde la cola

La presente crisis financiera, que ha generado todo un efecto dominó en las economías de los países latinoamericanos, tiene consecuencias que ratifican la vigencia de la buena política para regular el tema económico y financiero. Es simple: todos los gobiernos han vuelto a la teoría keynesiana para superar este escollo estructural. Hacer arrancar la economía mediante un estímulo fiscal. Pero, ¿quién atiende a la política fiscal de los países más pobres? Y más aún, ¿quién se preocupa por los déficits que van a dejar estos paquetes económicos?
En términos absolutamente teóricos, es de la política fiscal principalmente de lo que viven los gobiernos. Es uno de sus mayores ingresos. De allí salen las partidas para educación, seguridad y salud, por hablar de tres pilares funcionales de cualquier país. Entonces, si se crean paquetes de estímulos económicos para reactivar la inversión es porque se está redistribuyendo dinero de otras partidas. Más cierto aún cuando se trata de medidas inesperadas como han sido casi todos los paliativos relativos a la crisis.
Tales disposiciones, dado su impacto y magnitud, las deben refrendar los parlamentos y las ejecutan los ministros de finanzas. Entonces vienen dos dudas operativas: ¿tienen los legislativos latinoamericanos diputados o senadores con conocimientos para concebir plataformas de reactivación económica? ¿O terminan siendo simples apéndices firmantes del ministerio de hacienda, delegando por falta de conocimientos en los técnicos del Ejecutivo? Y por otra parte, ¿quién vela por lo maltrecho de los ingresos públicos ahora que las prioridades se han tergiversado?
En el primer caso, es importante abogar por oficinas de asesoramiento técnico en los parlamentos de nuestros países. Ese tema es muy poco discutido aun cuando es obvio que nadie sabe de todo aunque como en los legislativos, deba discutirse sobre todo. La idea de oficinas de asesoría económica se ha intentado en algunas naciones pero no tiene todavía difusión práctica. En cuanto al segundo punto, Latinoamérica debe enfocar su esfuerzo a que sus países produzcan una reforma fiscal moderna que por una parte descargue de los más necesitados el peso de una excesiva o innecesaria contribución, y que por otra, dé a las administraciones una musculatura efectiva para enfrentar los problemas actuales que son muchos e insostenibles con previsiones de recaudación hechas hace décadas.
Según la Comisión Económica para América Latina, CEPAL, casi todos los países latinoamericanos han producido soluciones que contienen disminución de impuestos, aumento de subsidios y toda una política de beneficios tributarios. Preguntamos, ¿sobre qué base y con qué dinero? La conclusión es directa: la crisis, cuya cura se ha manejado desde estímulos hechos con dinero público, producirá tales huecos fiscales que deteriorarán mucho más la calidad de vida. El resurgimiento económico y el crecimiento esperado, no serán suficientes para paliar los efectos de estos gastos desmedidos.

Ivo Hernández