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Lunes, 10 de diciembre de 2018



COLUMNISTAS


La Costa Rica que todos queremos

Laura Bonilla | Viernes 13 mayo, 2016


 Los perfiles que hoy se demandan exigen como mínimo ser bilingüe si no trilingüe, haber nacido en el mundo digital y tener la capacidad de administrar tecnología de avanzada

La Costa Rica que todos queremos

Acostumbramos analizar los datos económicos como promedios y por esta razón se dice que la tasa de desempleo abierta en Costa Rica es cercana al 9%. Pese a lo anterior, cuando se divide el país en quintiles según nivel de ingresos, se observa que en el quintil más bajo el nivel de desempleo es de un 27%, y si se trata de zona rural el desempleo es de casi un 30%. Por el contrario, en el quintil de ingresos más altos la tasa de desempleo es tan solo de un 1,8%.
Desde el punto de vista de la distribución de los ingresos anuales, en el quintil con más bajos ingresos el salario promedio por hogar es de $360 mensuales, mientras que en quintil más alto es de $4.700 mensuales.
Estamos conscientes de que la mejor forma de mejorar la distribución de los ingresos es la educación de la fuerza laboral para que se capacite y pueda optar por oportunidades más competitivas en términos de remuneración.
Costa Rica ha marcado un hito en la atracción de inversión extranjera directa de alta tecnología y precisión. Sin embargo, bajo el supuesto de que la calidad de la educación pública se va a mejorar —elemento cuestionable—, la transformación del recurso humano tomará algunas generaciones.
Los perfiles que hoy se demandan exigen como mínimo ser bilingüe si no trilingüe, haber nacido en el mundo digital y tener la capacidad de administrar tecnología de avanzada. Evidentemente solo un pequeño porcentaje de la fuerza laboral cumple con esos perfiles y por tanto la capacidad de la oferta es limitada.
Se requiere un cambio estructural y mejorar verdaderamente la calidad de la educación pública para seguir creciendo en esa vía y para que las nuevas generaciones, independientemente de su procedencia rural o urbana, tengan las mismas oportunidades de empleo.
Aunado a lo expuesto anteriormente; los sectores agrícola, industrial, turístico y de construcción deben contar con condiciones que garanticen un crecimiento real de la producción del 6% anual como mínimo.
Como productores, exportadores y empresas de turismo tenemos claro que nos corresponde ser más productivos, eficientes, innovadores y creativos, y hemos desarrollado esta tarea. No obstante, en este mundo globalizado y de economía abierta no podemos defendernos solos.
Los países competidores cuentan con el apoyo de los gobiernos por medio de políticas macroeconómicas que incentivan la competitividad del sector privado o realizan alianzas público-privadas para el desarrollo de infraestructura óptima. En el caso de nuestro país, por más esfuerzo que hemos realizado para trabajar en conjunto con las autoridades, no sentimos apoyo en una alianza ganar-ganar.
Pareciera que —como indicó el Sr. Presidente— las baterías de este gobierno están preferentemente enfocadas en el mercado interno; sin embargo, se está dejando aislado al motor que ha sido dinámico, generador de empleo, encadenamientos y que ha logrado sobrevivir a la competencia externa.
Todo esto tiene límites y sentimos que en caso de no cambiar de dirección, seguiremos viendo amenazados 553.690 puestos de trabajo que generamos los sectores primarios y secundarios ligados con la exportación y el turismo.

 

Laura Bonilla Coto