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Lunes 9 Septiembre, 2013

La experiencia internacional está llena de éxitos y fracasos. Debemos tratar de aprender de ellos


La corrupción y la experiencia internacional

En un artículo anterior planteé el desafío de controlar la corrupción, como lo exige con razón la ciudadanía. Si bien el problema es más grave en el 72% de los países del mundo, y Costa Rica ocupa la tercera posición entre los países con menor corrupción en América Latina, tenemos espacio para mejorar. Una estimación a mano alzada lo ubica encima del 7% del PIB.
La experiencia internacional está llena de éxitos y fracasos. Debemos tratar de aprender de ellos. Entre los elementos más importantes debemos rescatar los siguientes:
1. Fenómeno social. La corrupción no es solo un problema de las instituciones públicas, ni de los actores individuales, sino un fenómeno social. Los actores deben responder por sus faltas, pero la lucha fundamental es sobre la sociedad en su conjunto, transformando sus valores, prácticas y sistemas.
2. Valores. La sociedad debe condenar los actos corruptos. Pero el caso del Banco Vaticano muestra que los valores son necesarios pero no suficientes. Antes del Papa Francisco nadie intervino a fondo para depurar malas prácticas, a pesar de que compartían los mismos valores. La respuesta del Papa surgió luego de la demanda de que el Banco cesara con sus malas prácticas, dañinas para el sistema financiero de la Unión Europea, y cuando la credibilidad de las autoridades estaba amenazada por los escándalos sexuales.
3. Cumplir la ley. Se requieren sólidos sistemas judiciales, de control y regulación. Pero la imaginación de los actores no tiene límite y los incentivos pecuniarios son grandes. En el sistema financiero internacional, por ejemplo, se invierte más que en cualquier otro para controlar malas prácticas, pero su operación está lejos de ser impoluta, como lo evidencia la última crisis económica. En Costa Rica el problema es evidente en la aplicación de las leyes tributarias: se han presentado más de 70 casos de fraude, pero solo hay una condena.
4. Responsabilidad de los actores. Las personas que toman decisiones deben ser responsables de sus actos, lo que significa que deben tener los instrumentos necesarios para decidir, ejecutar y responder por ellos. No debe haber, por ejemplo, coadministración por parte de los órganos de control, supervisión y regulación.
5. Fortalecer derechos y obligaciones. Se trata de mejorar instituciones y fortalecer la democracia. Por ello la estrategia debe guiarse por el respeto y fortalecimiento de los derechos ciudadanos, la educación cívica y el conocimiento de las instituciones. La Humanidad está llena de malas experiencias cuando se reprime sin reglas, incluyendo las atrocidades de la Inquisición.
El problema es complejo pero no imposible de resolver si caracterizamos bien el problema, identificamos las áreas de riesgo, y valoramos adecuadamente los costos y beneficios de las intervenciones.


Fernando Herrero

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