Enviar
La contienda de las omegas

Aunque usted consuma adecuada dosis de grasas omega-3, su efecto podría estar contrarrestado si ingiere demasiadas omega-6

Carmen Juncos
[email protected]

Usted habrá escuchado o leído sobre los beneficios para la salud de la grasa omega-3, pero quizás no sepa que eso tiene que ver con su interacción con otros grupos grasos importantes, como los omega-6, que consumimos en los aceites de soya, algodón, maíz, margarinas y aderezos. Estas grasas, necesarias ambas en las cantidades adecuadas, tienen efectos opuestos en el cuerpo.
Actualmente, consumimos demasiadas grasas omega-6, porque las han llamado saludables para el corazón, pero este exceso destruye los beneficios que podríamos obtener de la ingesta de grasas omega-3, porque actúan en sentido contrario. La mayoría de nosotros puede tener un grave desequilibrio.
Por otra parte, la nutricionista Evelyn Tribole, escritora de varios tomos y conferencista de la Asociación Americana de Dietética, en su libro “Omega-3: la dieta esencial”, explica que la palabra omega se refiere al sistema de como se cuentan y se nombran los ácidos grasos y que cada “familia” de grasas es muy diferente de la otra.
Nos concentraremos en las familias omega-3 y omega-6, pero le gustará saber que el aceite de oliva viene de la familia omega-9, considerada saludable. También hay que saber que ningún aceite o grasa está hecho de una sola clase de ellas aunque en diferentes proporciones y esto es lo que hay que conocer para establecer el adecuado balance.
Cada familia omega-3 y omega-6 tiene un ácido graso “padre” del cual se pueden originar las otras grasas individuales pero estas difieren de modo significativo. La omega-3 que se encuentra en los vegetales es muy diferente a la omega-3 de los alimentos marinos y esto confunde a los consumidores. Es necesario consumir ambas.
Técnicamente se supone que del “padre” de la “familia” omega-3, el ácido alfa-linolénico (ALA) pueden originarse todos los “hijos” omega-3, pero asegura Tribole que las investigaciones muestran que con frecuencia no es el caso, que esto no es lo que el cuerpo humano hace.

Aunque usted consuma al “padre” (ALA), presente en alta cantidad en el aceite de linaza y también en el de canola, cáñamo, vegetales de hoja verde y nueces, debe asegurarse de tener a los “hijos”, el ácido eicosapentaenoico (EPA) y el ácido docosahexaenoico (DHA), que se encuentran principalmente en el pescado y en el aceite de estos.
Pero lo otro importante es la rivalidad existente entre las “familias” omega-3 y omega-6 porque cuando usted come esas grasas (necesarias ambas en medida adecuada), ellas compiten por los mismos recursos limitados (las enzimas), para hacer sus poderosos compuestos subsiguientes. La “familia” más grande “gana” los recursos que por último dirigen su cuerpo hacia la enfermedad o la salud.
En épocas anteriores, el desequilibrio no era tanto porque los animales eran alimentados con pastos y no tanto con concentrados, por lo que carnes, lácteos y sus derivados contenían más omega-3, según explica Tribole. Además, con la revolución industrial y la proliferación de ciertos aceites, margarinas y
mayonesas se disparó el consumo de omega-6, con sus consecuencias para la salud como mayor riesgo de cáncer, obesidad, arterias bloqueadas, peor función cerebral y estado de ánimo y problemas de visión asociados con la edad, infartos, entre muchos otros.
Ya que la industria no ha dado aún pasos para solucionar el problema, debemos hacerlo los consumidores, informados y conscientes de que la salud está en nuestras manos.



Por su salud

Puede informarse más ampliamente sobre este tema leyendo el libro “Omega-3: la dieta esencial” de venta en las Librerías Internacional.
Ver comentarios