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Sábado 24 Abril, 2010

La buena vibra

No hay tiempo que perder
En estos momentos (más para los que hemos tenido el privilegio de haber vivido varias décadas) nos preocupamos al ver los grados de violencia, inseguridad, desigualdad, hambre, enfermedades y exclusión que rodean a una gran cantidad de seres humanos. El cambio climático (del cual el hombre es responsable en parte) está produciendo la extinción de cientos de especies animales, la reducción de las fuentes de agua y el deterioro general del planeta. Por otra parte ,el capitalismo salvaje, sustentado en la ambición desmedida por el poder y el dinero (lo que ha provocado la última crisis económica global) así como el resurgimiento de políticas extremistas populistas fracasadas en el pasado (porque no producen bienestar sino miseria) y los fundamentalismos extremos violentos, revelan una ignorancia generalizada sobre el verdadero “sentido de la vida”. No hay duda, el mundo está cambiando irreversiblemente, en algunos aspectos en sentidos opuestos a los caminos del bienestar y de la felicidad, a lo cuales todos tenemos derecho.
De nada sirven los grandes avances tecnológicos y el desarrollo acelerado, si no volvemos a nuestras raíces, sustentadas en el verdadero “sentido de la vida” y usando los poderes dados por Dios en beneficio de todos y de uno mismo.
Nuestro gran país, Costa Rica, ha sido bendecido por Dios y no tenemos los grados extremos de los aspectos negativos que hemos señalado, aunque sí debemos reconocer que no estamos exentos de algunos de estos. Todos, sin excepción, somos fundamentalmente seres espirituales, hijos de Dios. El sentido de la vida y la trascendencia de esto es motivo de otro análisis, pero lo que no tenemos que dejar pasar es que siendo sus hijos, tenemos poderes extraordinarios que podemos ejercer bajo su amparo, en beneficio de todos y de cada uno de nosotros.
Qué creen que pasará si todos, después de darle las gracias a Dios por todo lo que en una u otra forma nos ha dado, pedimos por la paz, la seguridad, la sabiduría y el bienestar de la compañera o compañero, de los padres, hijos, familiares, amigos, vecinos y hasta de nuestros enemigos; de nuestros líderes y gobernantes y de los estudiantes; de nuestros subalternos, empleados o jefes y por el resurgimiento del indigente, del drogadicto y de los niños desamparados y hasta por el bienestar de la persona que no nos agrada. Que tengan salud y éxito en sus objetivos, sean materiales o no, en su desarrollo personal, en alcanzar sus ilusiones con alegría, perseverancia y esperanza. Qué creen que pasará si todos le pedimos a Dios por la paz y la seguridad de Costa Rica y de todos sus habitantes y que nos libre de cualquier catástrofe de la naturaleza.
Esto no es nuevo y siempre ha dado resultado. En la Segunda Guerra Mundial, un asesor de Sir Winston, Churchill planteó la idea de que la población pidiera a Dios por la paz y la seguridad de Londres. A una hora determinada, cada día, los habitantes oraron y cesaron los bombardeos. En Canadá, Estados Unidos y México existe un movimiento para que, cada día y a una hora determinada, todos pidan, orando a Dios, por sus países, sus habitantes y la paz en el mundo.
En Costa Rica podemos hacer algo similar. Sabemos que al irradiar “la buena vibra”, orando a Dios, solo beneficios y bendiciones vamos a recibir a cambio.
Tal vez este periódico quiera iniciar (tal vez como líder coordinándose con otros medios informativos y otras instituciones) la campaña de la “buena vibra”, de tal manera que quienes vivimos en este país, todos los días, a las 10 a.m. pidamos por Costa Rica, por todos sus habitantes, por la protección ante cualquier evento de la naturaleza y específicamente por lo que cada uno quiera y para quien quiera. Eso sí, aunque sea en voz baja, solo o acompañado, la oración debe pronunciarse.
Seamos optimistas. El positivismo (fe y esperanza) es formidable y la oración en conjunto mueve montañas.
No hay tiempo que perder.

Celman Barrenechea