La buena carne y la tradición van de la mano en La Cascada
Esteban Monge/La República Ricardo Wasserman es el actual propietario del restaurante.
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Medio siglo después de su apertura el restaurante La Cascada sigue fiel a su tradición de ofrecer carnes a la parrilla con calidad premium, pero al mismo tiempo hace cambios para mantenerse competitivo en un mercado con una oferta cada vez más amplia.

Ricardo Wasserman, actual propietario y nieto de los fundadores Guillermo Pérez y Flor Lizano, comentó que para mantenerse en el gusto de los clientes sigue los consejos que aprendió de su abuelo y que hoy son la norma en su trabajo, como la selección muy cuidadosa de cada materia prima.

“La Cascada es historia, muchos de nuestros actuales clientes comenzaron a venir con sus abuelos. Sabemos que se despierta en muchos una sensación de nostalgia, y saber que el mismo corte que probaron años atrás se lo están comiendo con idéntico sabor les encanta”, afirmó el propietario.

Los cambios van desde lo estético hasta lo medular. Remodelaron el local, disminuyeron los precios sin variar el peso de los cortes o el proveedor y finalmente añadieron nuevas opciones, como el plato de entraña de res.

Este corte importado es de carne Angus certificada, 300 gramos de una carne suave, jugosa, que tiene una cantidad adecuada de grasa intramuscular que al momento de cocinarse a la parrilla le da un sabor inolvidable.

Sus acompañamientos son los tradicionales del lugar: frijoles, plátanos maduros en almíbar y papa asada, pero cada cliente puede pedir otros si así lo prefiere. Se corta fácil y su sabor en boca es de esos que generan el deseo de regresar.

Para quienes prefieren el pescado, el ceviche de corvina reina es una opción que deben valorar. Es de tradición costarricense, con cubos de pescado firmes, con una acidez agradable y acompañada de chips de tubérculos.

“A los clientes que lo piden les gusta porque siempre mantiene su sabor. El secreto tiene que ver con la selección del pescado, mi abuelo siempre decía que se tiene que comprar entera y revisar su calidad antes de prepararla”, añadió Wasserman.

El deseo de este heredero de una tradición gastronómica es que las personas salgan del restaurante con una sonrisa de satisfacción que les haga saber que hicieron bien su trabajo.

 



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