Leopoldo Barrionuevo

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Sábado 1 Diciembre, 2007

Elogios
La brujería

Leopoldo Barrionuevo

Si usted ha pasado —y seguro que es así— por sinsabores producidos por gente interesada en perjudicarlo y molestarlo, le solicito una especial atención.
Quienes quieren manipularlo, harán que usted se fije en ellos recurriendo a cualquier subterfugio para lograrlo, ya sea a través de críticas, comentarios inoportunos o actitudes inexplicables e hirientes, no se preocupe, el objetivo es otro: que usted los tenga en cuenta, que se angustie, que no comprenda y se pregunte qué hizo para merecer esa sucesiva cadena de desplantes.
Simplemente y en diversas acepciones, no les preste atención, déjelo pasar, ignórelo, no le facilite ejercer un poder sobre usted, algo así como una forma de hechicería intelectual o de algún modo, de lo que las viejas del pasado denominaban santería o brujería.
Yo sé que el tema produce escozor y que mucha gente dice que no cree en ellas y agregan: “pero que las hay, las hay”. Tengo para mí que la mejor representación está en el escudo de la Municipalidad de Escazú, al igual que en la madrastra de la Cenicienta, en los cuentos de Andersen y Grimm, en Hansel y Grettel y el Mago de Oz; eso sin olvidar a las Brujas de Salem, las de Eatsweek e incluso la infame caza de brujas de McCarthy hacia 1953. Ah, y no se nos olvide el equipo de Brujas en Escazú, aquelarre tradicional de hospedaje para Costa Rica de la brujería tomada a la chota (aker, macho cabrío en vasco y larre, campo).
Y si no menciono a la noche de Halloween es porque la de brujas es universalmente la del 30 de abril o Walpurgis y obsérvese el profuso vocabulario de la palabra brujas: hexe en alemán, sorcière en francés, witch en inglés, sorgie en vasco y meiga en gallego, entre muchos otros.
¿Cómo hacer frente a tanto folclore? Lo antedicho: no permita pensar que alguien le está haciendo un daño mental y comience a entender que el daño se lo hace usted mismo cuando deja pasar sin tamiz a su mente la creencia de que alguien le desea el mal o le realiza conjuros.
Usted cree en lo que quiere creer, es más: usted es lo que cree ser y si alguien puede entrar en su mente y hacerlo pensar como él desea: no se engañe, eso es lo que usted cree si quiere que así sea y lo puede cambiar con la ayuda de su voluntad y pensamiento.
Es lógico pensar que vivimos enfrentados con miedos, desconociendo el futuro en medio de la inseguridad que nos rodea, pero con la superstición debería ser suficiente, como las de los jugadores de fútbol ingresando al campo de juego tocando el zacate o rezando por ganar, mientras los rivales hacen lo mismo y si Dios les hiciera caso el resultado sería un empate. En el teatro, el enemigo es el fracaso y así, los actores de teatro en todas partes, antes del debut y en pleno escenario aunque tras bastidores, se toman las manos y en idioma universal dicen al unísono merde tres veces.
Así que ya sabe lo que tiene que decirse cuando alguien lo quiere fregar, simplemente repetir la lección teatral y como me lo enseñó un amigo napolitano recordar que “il maggiore disprezo é la noncuranza” o sea que el mayor desprecio es no ocuparse, practicar la indiferencia para no hacerle el gusto al oponente, no dedicarle el más mínimo pensamiento aparte del bien.
Todo desaparece como decían un tico y un argentino en los respectivos idiomas nacionales, al conjuro de no dar pelota.

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