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Martes 1 Febrero, 2011

La autosuficiencia alimentaria… un reto ante la globalización

Viendo las acaloradas protestas que los ciudadanos de algunos países de Europa y Oriente están realizando en los últimos días, y que las protestas son contra los gobernantes para demostrar el descontento por el encarecimiento de la vida, en especial el incremento en los precios de los alimentos, se hace necesario pensar en el tema de la autosuficiencia alimentaria, y cómo los sistemas económicos que giran en torno a la globalización, no han tomado en cuenta esta variable, y que estas protestas podrían ser solo el inicio de algo a lo cual los líderes de la humanidad no han dado la dimensión correcta.
En un foro en el que participé hace diez años en Taiwán sobre emprendurismo en pequeños y medianos empresarios, me llamó poderosamente la atención observar que el tema de la producción de alimentos era una política de Estado, donde la producción, investigación y transferencia tecnológica eran garantizadas en aras de mantener intacta la soberanía alimentaria.
Los más arraigados detractores de la apertura de los mercados, sostienen que en los próximos años la falta de alimentos y de agua potable serán los elementos causantes de enfermedades, desnutrición y disturbios públicos, y que las clases más desposeídas se lanzarán a las calles en busca de saciar la sed y el hambre.
Ya en Tiquicia, llama la atención como poco a poco en los últimos años se ha desmantelado el aparato productivo agrícola y pecuario, cómo las universidades han abandonado la investigación en esos temas y cómo las importaciones de alimentos están prevaleciendo justificadas por un “reflejo temporal ” y muchas veces manipulado, en los precios de los mismos.
¿Estará gestándose en la sociedad costarricense actual, el capital humano que reciba, mejore y reemplace el conocimiento agrícola y pecuario de nuestros padres y abuelos? ¿Cuánto les costará al gobierno y a la sociedad costarricense crear nuevamente el sustrato para producir nuestros propios alimentos?
Admiro a las personas visionarias, y esperaría que las autoridades que nos gobiernan, sin necesariamente abandonar las tendencia de convertirnos en una economía sustentada en la venta de servicios, logremos generar las políticas agrícolas y pecuarias necesarias que aseguren anticipar y neutralizar los impactos negativos de depender alimentariamente de terceros países o caer en manos de los sectores mercantilistas de nuestra sociedad, donde lo que prevalece es el beneficio particular sobre el de la colectividad.
Instituciones tan cuestionadas como el MAG, CNP y el IDA deberían abocarse a diseñar estrategias productivas de alimentos que garanticen la soberanía en el corto plazo. La banca estatal debería ser obligada a retomar al financiamiento en este tipo de actividades a través de las Juntas Rurales y el INS debe emitir seguros de cosechas que permitan neutralizar el riesgo de pérdida por efectos climáticos.

Ingeniero Agrónomo
Mynor Retana C. Cédula 5-188-937
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