La amenaza de la difamación digital
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ANÁLISIS

Laura Chinchilla está demandando a un bloguero

La amenaza de la difamación digital

Mientras tanto, seguimos expuestos a los “trolls”

Cómo protegerse


Laura Chinchilla está demandando a un bloguero por alegadamente haber dañado su reputación.

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Mientras tanto, persiste la amenaza de los llamados trolls, o sea las personas que publican mentiras de forma anónima.
Ninguna defensa es ideal ante este riesgo, que es el costo que pagamos por disfrutar las bondades gratuitas del mundo digital.
En lo que a la Presidenta se refiere, Chinchilla no tuvo problemas en hacer la demanda, dado que la persona que presuntamente la difamó, lo hizo en una página de Facebook en su propio nombre.
Con unas pocas excepciones, es un delito publicar con ánimo de lesionar, un comentario que dañe la reputación de alguien, sin importar el medio en el cual aparezca el comentario, según la forma en que la ley costarricense ha sido interpretada.
Habrá que ver, quién tenga la razón en este caso.
Pero gane quien gane, un problema mayor surge cuando alguien publica un comentario potencialmente dañino de forma anónima, que en la web es fácil de hacer.
Cualquier persona puede crear una página en Facebook, Twitter o Google+, entre otros sitios, sin costo alguno y bajo cualquier nombre inventado, como es el caso de Chamuko en este país.
De la misma manera, cualquiera puede crear un blog anónimo en un sitio como Wordpress o Blogspot.
“Por supuesto que hay que mejorar y modernizar la legislación, pero esto es un problema de la tecnología y sus controles. Las personas encontraron una forma de manifestarse, es como cuando se va al estadio, pero esa libertad no implica liberación de responsabilidades”, dijo Carlos Roverssi, ministro de Comunicación.
El anonimato por sí mismo a menudo no genera roces.
La mayoría de los blogs y las páginas de Facebook es vista solo por los amigos de uno, mientras que los comentarios entre amigos no se consideran motivo para una acción legal, sea cual sea el contenido.
Por otro lado, es posible que una página o un blog se haga popular, de modo que reciba hasta millones de visitas.
En este caso, cualquier mentira o insulto en el contenido afectaría a otra persona.
Ya antes en el país se dio una situación con Roberto Mora, conocido en redes sociales como el “Cobrador de la Caja”.
En este espacio, el bloggero publica las deudas de patronos morosos con la Caja, como una medida de presión al departamento de Cobros para mejorar la situación de esta institución.
Por publicar esta información en su blog, un ciudadano contra Mora entabló una querella y acción civil por supuesta falsificación de documentos.
Por otro lado, fuera de nuestras fronteras, una mujer fue demandada por un empresario de Qatar, al publicar un tuit en donde criticaba una compañía por pagos tardíos. Esta demanda asciende a $195 mil.
Para hacer frente a este problema, una persona o empresa tiene la opción de no hacer nada.
Excepto en el caso de un ataque sostenido, puede ser prudente dejar que el incidente desaparezca por sí mismo, en lugar de darle mayor importancia respondiendo.
Una segunda opción consiste en pedir que se quite la página ofensiva al “host”, quien puede colaborar o no.
A la vez, una empresa puede aprovechar un equipo de respuesta web, para publicar buenas noticias sobre sí misma.
Por último, una persona que ha sido difamada digitalmente, puede tratar de encontrar al troll.
Aun con este proceso caro y tedioso, es a menudo imposible encontrar a alguien, que publica cosas difamatorias desde un café Internet, o que utilice equipos sofisticados, para esconder su identidad.
Pero así es el mundo digital en el cual vivimos, lo que nos entrega enormes cantidades de información valiosa a menudo sin costo alguno, y que por otro lado a veces nos cobra un precio inesperado.

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Redacción
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Colaboraron: Richard Blaser, Fred Blaser, Adrián Bonilla, Luis Cascante, Luis Valverde

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