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Lunes, 10 de agosto de 2020



COLUMNISTAS


La visita de Pompeo

Vladimir de la Cruz [email protected] | Miércoles 29 enero, 2020


Michael Richard Pompeo, “Mike” como le llaman los medios y popularmente, es un político de los que en Estados Unidos se reconoce como miembro de los “halcones”, que son los que representan las líneas políticas guerreristas, las duras, las salidas militares. Fue congresista de Kansas desde el 2011 hasta el 2017, miembro del llamado Tea Party, dentro de Partido Republicano, que es una fracción derechista de este Partido, donde también están los congresistas Sarah Palin, Marco Rubio. Pompeo también es el representante del Estado de Kansas en el Comité Nacional del Partido Republicano.

El 18 de noviembre del 2016 fue nombrado Director de la Agencia Central de Inteligencia, CIA, por el Presidente Trump. Como director de la CIA propiciaba el espionaje masivo y de líderes extranjeros, consideraba que Edward Snowden, quien fue consultor, informante, asesor y trabajador de la CIA, y de la Agencia Nacional de Seguridad de Estados Unidos, NSA, quien en el 2013 develizó documentos de estos programas de seguridad, debía ser detenido, juzgado y condenado a muerte.

Pompeo como Jefe de la CIA proponía que la Agencia de Espionaje debía ser más “agresiva, brutal, despiadada e implacable”. Como Jefe de la CIA avalaba el manual de torturas, aprobado en el Gobierno de Obama, aplicado a todos los detenidos y prisioneros de los Estados Unidos, en sus bases militares y en las cárceles, que han tenido, como Guantánamo, o en Irak, la cárcel de Abu Ghraib, que inspiró al pintor colombiano Fernando Botero prq denunciarla.

De la CIA lo sacó el Presidente Trump, el 13 de marzo del 2018, para que dirigiera la política exterior de los Estados Unidos, nombrándolo Secretario de Estado, militarizando la política exterior.

Dentro de las preocupaciones de Pompeo, y de buscar acciones duras contra ellos, están los gobiernos de Irán y de Venezuela. El asesinato del General iraní Qasem Soleimani, comandante de la fuerza de élite Al Quds, de la Guardia Revolucionaria iraní, probablemente tuvo el visto bueno de Pompeo, por que no fue solo una decisión del Pentágono, habida cuenta que los altos militares que realizaron esta operación militar señalaron que había sido hecha por decisión de la Casa Blanca, ¿por Trump o por Pompeo, o por ambos?

Pompeo ha defendido al reino de Arabia Saudita ante el criminal asesinato del periodista Jamal Khashoggi, y ha sido portavoz y defensor de las políticas intervencionistas de los Estados Unidos en Ucrania.

En relación a América Latina, Pompeo ha realizado desde abril del 2019 hasta enero del 2020, tres visitas regionales, visitando diez países, dos veces Colombia, en abril del 2019, Chile, Paraguay, Perú y Colombia, en julio del 2019, Argentina, Ecuador, México y El Salvador y en enero del 2020, Colombia, Costa Rica y Jamaica.

En América Latina Estados Unidos tiene 76 bases militares distribuidas en distintos países, y en el mundo tiene 800. En Panamá tiene 12, en Puerto Rico 12, en Colombia 9, en Perú 8, en Paraguay 2, en Honduras 3, en México 3.

En la información del Comando Sur de los Estados Unidos aparecen bases, o instalaciones militares, llamadas “Bases militares”, de Estados Unidos en Caldera y en Liberia. ¿Es cierto esto? ¿Vino Pompeo a revisar sus instalaciones con militares costarricenses, entrenados por ellos, a cargo de esas instalaciones? ¿Cuándo se han aprobado por la Asamblea Legislativa este tipo de instalaciones? La Asamblea Legislativa debe impulsar y aprobar una Comisión Investigadora sobre estas “Bases militares”, se debe llamar a rendir cuentas al Ministro de Seguridad. ¿Por qué la presencia norteamericana en Costa Rica se clasifica dentro de la seguridad continental de ellos y claramente hablan de “Bases militares” en el país?

Pompeo ha justificado sus viajes como parte de sus políticas para coordinar esfuerzos en materia de seguridad en la región, apoyar la “democracia” en Latinoamérica y fortalecer intereses geoestratégicos, atender asuntos de los migrantes, de la creciente ola migratoria y "el flujo de inmigración ilegal”, de afianzar la presencia estadounidense en la región, tratar de reducir la dependencia de varias islas del Caribe de Petrocaribe. ¿Se está comprometiendo Costa Rica en alguna aventura militar en materia de seguridad continental?

En su viaje reciente, que tocó a Costa Rica, llamó la atención sobre la presencia de la República Popular China, de Cuba y de Rusia, en el continente, donde hay algunos países, en Sur América, que tienen una relación de intercambio comercial más importante que con Estados Unidos. En este sentido dijo que había que tener cuidado con el «dinero fácil» de China, que alimenta la corrupción y socava el Estado de Derecho, que también era un desafío a la soberanía y la seguridad, “que impedían el crecimiento de nuestras naciones juntas”, proponiendo elegir empresas estadounidenses y occidentales como socios comerciales, sobre todo cuando Costa Rica ha sido aliado y socio natural de Estados Unidos, lo que provocó, una justa y natural, protesta de la Embajada de China en Costa Rica.

Con Rusia, que hoy no es un país comunista, y con Cuba, la única expresión continental de un gobierno comunista y de izquierda en el Poder, las relaciones diplomáticas de Costa Rica son meramente formales, y las relaciones comerciales son bajas, sin que afecten ni amenacen las relaciones de intercambio comercial, como sí afectan las relaciones con China a los Estados Unidos.

Destacó Pompeo que Estados Unidos ha brindado 13 millones de dólares en cooperación a Costa Rica desde el 2017 para atender a poblaciones vulnerables.

A las visitas de Pompeo a América Latina se suma la Cumbre Hemisférica contra el Terrorismo en Bogotá, donde ministros y viceministros de Relaciones Exteriores, de Gobierno y delegados de Argentina, Bolivia, Brasil, Canadá, Chile, Colombia, Costa Rica, Ecuador, El Salvador, Guatemala, Haití, Honduras, México, Panamá Paraguay, Perú, República Dominicana, Santa Lucía y Uruguay se reunieron, con representantes de España, Israel como observadores. La primera reunión sobre este tema se llevó a cabo en 2018 en Washington y la segunda tuvo lugar el año pasado en Argentina. En la reunión de Argentina se habló de “la amenaza terrorista".

Así como se metió con China también incluyó, como es natural en el discurso político regional norteamericano, de nueva Guerra Fría, la acusación a Cuba y Venezuela de intentar secuestrar las protestas legítimas en América Latina, a Cuba y Rusia de continuar entrometiéndose en los asuntos soberanos de las naciones, mientras intentan desestabilizar las democracias, donde provocan protestas, que se deben evitar, para que no se conviertan en “sublevaciones” en sus países aliados, de América Latina, sosteniendo la tesis que la política de EE.UU. en Latinoamérica se basa en la “claridad moral y estratégica”, por lo que no se, “puede tolerar” a los regímenes que considera insatisfactorios en la región.

Las protestas populares en América Latina son viejas. Y las protestas antiimperialistas son desde principios del siglo XX, de manera organizada, en Costa Rica la hubo. Basta recordar la visita de Nixon a Venezuela en 1958, cuando fue recibido con escupas por el estudiantado caraqueño, “escupitajo de América” lo llamó José Figueres, recordando las malas relaciones que Estados Unidos había tenido con el continente.

Señaló en estas giras Pompeo, quizá más fantasiosamente, que real, que hay combatientes del grupo yihadista “Estado Islámico” en Trinidad y Tobago, y que Hezbolá tiene tentáculos en toda América del Sur.

En el Caribe Pompeo trató de afianzar la relación bilateral con Jamaica, con cuatro tratados comerciales entre Washington y Kingston, tratando temas, entre otros, de seguridad y comercio, tratando de mejorar la Asociación de Resiliencia de los Estados Unidos y el Caribe, y de debilitar la influencia de Cuba y Venezuela en esta región.

El objetivo principal de Pompeo fue de dividir el Caribe como nueva estrategia de Estados Unidos, sobre todo cuando los países del Caribe actúan regionalmente, en los foros diplomáticos y políticos existentes, como una sola unidad.

El discurso de las elecciones libres y justas en Venezuela y en Nicaragua fue su paraguas, así como el cese a la violación de los Derechos Humanos en estos países, lo que es real y evidente.

El escenario latinoamericano y suramericano ha cambiado en los últimos años. Los tres grandes foros políticos impulsados desde Venezuela, en la época de Hugo Chávez, el Grupo ALBA, la UNASUR y el CELAC prácticamente se han desvanecido, se han debilitado, se han vuelto inexistentes. El mismo Foro de Sao Paolo, no tiene la resonancia del pasado. Petrocaribe aún se mantiene pero muy débilmente.

El terrorismo continental no tiene cara visible. No se puede asegurar que exista ese terrorismo. Las guerrillas de izquierda, si esto fuera el terrorismo, hoy en el Continente solo quedan reducidas a un pequeño grupo, disidente de las FARC y al Ejército de Liberación Nacional en Colombia, que no son una amenaza ni para el Estado y gobierno colombiano ni para los países colindantes o limítrofes de Colombia, y menos para el resto de Latinoamérica. Venezuela, bajo el régimen cabello madurista, podrá ser apenas un refugio geográfico de estos grupos, en lo que les pueda interesar y comprometer por la comercialización de la droga producida en Colombia, en lo que están comprometidos altos funcionarios del gobierno venezolano, y militares de ese gobierno con su Cartel de los Soles.

Las fuerzas clásicas de la izquierda continental, los partidos comunistas, las organizaciones marxistas leninistas, casi no tienen expresión organizativa ni política, ni parlamentaria, en la mayoría de los países del continente.

Otras manifestaciones que se ubican a la izquierda, con otras temáticas políticas y sociales, ondean en el continente, sin que tengan como alternativa la sustitución de los regímenes políticos, de corte capitalista existentes, por sistemas socialistas o comunistas. Este discurso está prácticamente borrado. Frente al nivel de capitalismo mundial altamente desarrollado no hay una propuesta alterna internacional, tan solo la consigna “otro mundo es posible”.

El discurso contra Venezuela, en la gira de Pompeo, que incluyó a Costa Rica no fue tan evidente. Trató de posicionar a Costa Rica como punto de apoyo para la “democracia” en Latinoamérica.

La visita de Pompeo a Costa Rica, en lo que nos compete, pareciera que tuvo una agenda oculta, que no se dijo públicamente, de la cual tampoco se informó democráticamente. Pareció más un viaje con descanso, de placer, de unas horas en Costa Rica, y quizá de valorar y recibir informes de cómo están sus “Bases militares” en Caldera y Liberia.

Si se buscó apoyo para una acción militar contra Venezuela no se encontró, como no hay ambiente para ello en el continente, ni en el contexto del marco de la OEA, al menos por ahora.

Si la gira fue asegurar los votos de los países para la reelección del Secretario General de OEA, Almagro, tampoco fue pública ni evidente. ¿Entonces, qué buscaba Pompeo en Costa Rica? ¿Qué fue lo que realmente trató?

(Artículo publicado en la Columna Pizarrón, del periódico La República, versión digital, larepublica.net, el miércoles 29 de enero del 2020)


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