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Viernes 20 Junio, 2008

La tinta de los pesimistas


Se trata de una de las actitudes más comunes del ser humano, pero por común que sea, no deja de ser una actitud perversa y mezquina. Hablo de la incapacidad de reconocer lo bueno que hace el prójimo. Incapacidad acentuada cuando se trata de reconocer la buena obra de un adversario ideológico.
Don Arnoldo Mora es un elogio al pesimismo. Semana a semana nos reza el credo negativo de quien encuentra moscas a granel en su vaso de leche y pelos en abundancia en su sopa.
Aunque no lo quiera admitir, las velas de la economía nacional han estado hinchadas por los vientos de la confianza de los costarricenses. La economía del país creció un 8,2% en 2006 y un 6,8% en 2007. Aun el sector agropecuario, ajeno al aire lastimero del que pretenden impregnarlo los pesimistas, creció un 9,6% en promedio en 2006 y 2007, según el Banco Central.
Es difícil creer que don Arnoldo desconozca que el desempleo de Costa Rica bajó de un 6% a un 4,5%, el nivel más bajo de América Latina, como lo informó la Dirección Nacional de Estadística y Censos en diciembre anterior. Para él es irrelevante el testimonio de 90.000 personas que ahora tienen un trabajo digno, gracias a una creciente inversión extranjera directa y a mejores oportunidades para estudiar y laborar en un mercado más competitivo.
Desde la óptica del pesimista no es creíble que el secretario general de la Comisión Económica para América Latina (CEPAL), José Luis Machinea revelara que Costa Rica y Uruguay son los dos países con mayor cobertura social de América Latina y que Costa Rica, después de Cuba, es el segundo país en inversión en salud de la región, con aproximadamente el 5% de su Producto Interno Bruto.
Tal es la adicción del pesimista al negativismo, que obvia el que 94.000 estudiantes y sus respectivas familias recibieran ayudas económicas, en el marco del programa estatal Avancemos. Es tan fuerte su necesidad por promover la desesperanza, que olvida convenientemente que el año pasado 9.000 estudiantes menos abandonaron las aulas gracias a ese programa.
Según la lógica pesimista, habría que desconfiar también de los ¢185.000 millones inyectados a la Caja Costarricense de Seguro Social y del incremento de las pensiones del régimen no contributivo de la Caja para 75.000 adultos mayores, que pasaron de ¢17.000 a ¢57.500 mensuales en 25 meses.
Según don Arnoldo Mora y su lánguida pluma, las vacas flacas que se aproximan no son un efecto de la crisis mundial que han precipitado los incrementos en los precios internacionales de los alimentos y los combustibles, sino de la sola presencia de Oscar Arias en la Presidencia.
Para el articulista pesimista —perdonen la disonancia— las vacas flacas vienen de larga data. A lo mejor el caballero olvidó que la pobreza en Costa Rica bajó en 3,5 puntos porcentuales en 2007...
Eso sí, don Oscar Arias falló al asegurar que los ticos conseguirían un BMW en su augurio de bonanza. Eso es exactamente falso. Con bonanza económica, la gente no corre a conseguir un BMW, corre a levantar su casa. Sino que lo digan las más de 7 mil familias que en 2007 compraron o construyeron su casa según datos del Banco Nacional. No incluyo las casas que compraron miles de familias de clase media al amparo de créditos en otros bancos, ni menciono las empresas que se expandieron merced a la baja en los tipos de interés que propició la confianza asentada en un liderazgo fuerte y positivo.
Pero cuando el precio del barril del petróleo llega a U$139 y los precios de los alimentos se disparan por las nubes, sostener el discurso de bonanza se convierte en flagrante irresponsabilidad. En la nueva coyuntura el augurio de las vacas flacas indica que nuestros logros son vulnerables si no se toman las medidas para paliar el shock externo.
No hay que ser adivino para advertir que el bolsillo del costarricense sufrirá. Por supuesto que sufrirán nuestros productores, nuestros pulperos y nuestras amas de casa si hacen caso a consignas incendiarias que lejos de proponer soluciones llaman únicamente a la agitación. Por supuesto que sufrirá la economía costarricense cada vez que en un desplante de indecisión, prolonguemos la aprobación de las leyes que garantizan la seguridad jurídica que requiere el micro y pequeño empresario local y el inversionista extranjero.
Por ello resulta confuso que un líder como don Arnoldo reproche el llamado del Presidente a diputados, empresarios y otros sectores a que nos unamos para sacar adelante al país de una crisis que amenaza a los más pobres.
Reconozco que el lúgubre augurio económico del mandatario inquieta, pero reconozco también que es el impulso para un golpe de timón prudente, certero y necesario cuando se acerca la tormenta. El presidente Arias, como buen capitán, cumple con su llamado a navegar con norte claro; pero en su ruta debe anticipar los riesgos a los que está expuesta esta nave llamada Costa Rica.
El Plan Nacional de Alimentos que provee recursos por U$88 millones para proteger a productores y consumidores es parte de las soluciones que con preocupación, pero con fe en el futuro propone el Gobierno. Asimismo, el manejo ordenado de las finanzas públicas, que asigna más recursos para asistir a los más pobres en tiempos de crisis, es la póliza más efectiva contra los embates de la economía.
El sabor amargo que destila la pluma de don Arnoldo al desconocer lo avanzado es comprensible, porque bien sabe él como teólogo y ex sacerdote lo que dice la palabra: “De la abundancia del corazón, habla la boca”.
Si tan solo cambiara su tinta pesimista, por la tinta de la fe, qué bien le haría usted al país don Arnoldo…

Maureen Ballestero
Diputada PLN
Vicepresidenta Asamblea Legislativa