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Sábado, 5 de diciembre de 2020



COLUMNISTAS


La tentación autárquica

Miguel Angel Rodríguez [email protected] | Lunes 15 junio, 2020


El realismo es la mejor base para enfrentar los difíciles tiempos que tenemos por delante. Siendo realistas podremos aprovechar las oportunidades que nos permitirían volver a prosperar, en medio de las difíciles circunstancias que vivimos y que viviremos.

El pasado 7 de este mes el Primer Ministro de Singapur Lee Hsien Loong se dirigió a sus conciudadanos en un discurso realista señalando los costos y problemas, los retos y dificultades que el COVID-19 significará para su país por un largo período. Indicó sin tapujos los cambios en las costumbres, en la economía, y en las demandas a los ciudadanos que sobrevendrán al término de la epidemia. Y no tuvo empacho en señalar que Singapur enfrentará importantes costos en el futuro por dedicar ahora un 20% de su PIB a atender la emergencia sanitaria, el empobrecimiento de sus habitantes y la sobrevivencia de sus empresas. Ese nivel de apoyo no es sostenible, señaló, y si lo fuera no los podría escudar de los costos que se darán. Ello a pesar de que, afirmó, podrán hacerlo con sus reservas sin tener que endeudarse.

La economía de Singapur depende principalmente de sus relaciones económicas internacionales. Su PIB se deriva en un 70% de servicios, y en ellos son muy importantes y con enormes vínculos externos los servicios financieros, la logística de aviación y marina, y el turismo, todos los cuales se verán gravemente dañados por la recesión causada en sus socios comerciales por la pandemia.

Por depender fuertemente de la inversión y el comercio externos, el Primer Ministro aceptó que el mundo le sería menos favorable a ese pequeño territorio que cabe más de 70 veces en Costa Rica y en el que radica una población un 50% mayor a la nuestra y con un PIB per cápita cinco veces mayor al nuestro gracias a su acelerado crecimiento en los últimos 55 años. El mundo cambiará y los países lucharán más por el tamaño de su tajada que por hacer más grande el pastel. “Será un mundo menos próspero y más complicado”.

Su país se desarrolló aprovechando un mundo interconectado. ¿Será que los cambios que se enfrentarán y que obligarán a muchas empresas a reinventarse y a muchos trabajadores a reentrenarse los llevarán al aislamiento, a una economía autárquica?

¿Qué solución propone el Primer Ministro Lee a sus conciudadanos?

No tener miedo a pesar de los duros retos y construir sobre las propias fortalezas. No al aislamiento y sí aprovechar creativamente las oportunidades que para un país pequeño siempre existirán en las interconexiones internacionales.

Las fortalezas que el gobernante de Singapur destaca son también nuestras fortalezas que deben ser salvaguardadas y profundizadas: un gobierno respetuoso de las reglas del estado de derecho; ciudadanos que entienden lo que está en juego; estabilidad política incluso en medio de una gran crisis. Pero estas fortalezas siempre están en peligro pues son atacadas por la mentira, el populismo y la demagogia.


Nosotros afrontamos hoy y afrontaremos mañana mayores retos que Singapur. Partimos de una muy frágil situación fiscal y una alta y creciente informalidad; tenemos que endeudarnos aún más de lo que estamos para paliar el COVID-19 y el empobrecimiento; no teníamos como Singapur un desempleo del 2,9% sino del 12%; vivimos una enorme división entre multitud de partidos que a su vez están partidos; debemos vencer la trampa de los países de ingresos medios que ellos ya superaron.

El virus SARS-CoV-2 nos empobrecerá y nos debilitará. Pero podremos salir adelante con gran esfuerzo y con acciones inteligentes, si somos realistas y no nos dejamos vencer por el miedo ni nos dejamos engañar por falsas ilusiones.

Igual que a lo largo de nuestra vida republicana, nuestras posibilidades de desarrollo dependen de nuestra habilidad para ser previsores, actuar con realismo y aprovechar unidos las oportunidades que siempre nos proveerán las interrelaciones internacionales.

Dadas nuestras características los mercados internacionales seguirán siendo muy grandes y beneficiosos comparados con la autarquía.

Además, superada la crisis sanitaria del COVID-19, tendremos ventaja frente a otros países para aprovechar el comercio internacional y atraer inversiones. Muchas empresas internacionales querrán asegurar sus cadenas de producción diversificando sus fuentes, Costa Rica está muy bien posicionada para muchas de ellas. Otra ventaja proviene de nuestra zona horaria, pues el aprendizaje que han adquirido quienes supervisan producción a distancia como medida sanitaria ante la epidemia, podría ser aplicado a fábricas ubicadas fuera del territorio de EEUU en sus horas normales de producción.

El núcleo de producción de dispositivos médicos ocupa el primer lugar en nuestras exportaciones y nos da ventaja para enfrentar un mundo más consciente de los temas de salud, y respecto al turismo no cabe duda de que la eficiencia extraordinaria mostrada por nuestro sistema de salud nos dará ventaja para ir recuperando esta importante actividad.

La mucho más intensa utilización durante los meses de aislamiento social de medios digitales, también nos posiciona ventajosamente para la exportación de servicios empresariales, que los empresarios informáticos locales y la llegada de Procter and Gamble propulsaron desde la última década del siglo pasado.

Nuestro acceso a la OCDE dará mayores seguridades para sus inversiones a empresarios extranjeros, quienes podrán tener información más creíble sobre políticas públicas y sobre nuestras prácticas comerciales y el respeto al derecho.

Pero se nos exigirá mucho más si queremos aprovechar nuestras ventajas para volver a la prosperidad.

Tendremos que resolver con valentía, solidaridad y racionalidad la muy deteriorada situación fiscal en que nos dejará la epidemia. Eso no lo podremos realizar si partimos de prejuicios como los expresados por el Ministro de la Presidencia Marcelo Prieto para quien “el gasto público es un elemento fundamental de la reactivación económica”. Eso simplemente no es cierto. El gasto público se financia con restricción del gasto o la inversión privada y su conveniencia depende de su destino. Cuando se viven circunstancias restrictivas como las actuales, se debe ser muy selectivo en el gasto y se requiere posponer incluso erogaciones convenientes, pero con menor esencialidad que otras. Los prejuicios en la toma de decisiones fiscales agravaron el empobrecimiento que nos deparó la crisis de los ochenta, cuando por miedo al ajuste se pospuso su implementación.

Deberemos transformar nuestras capacidades. La investigación será indispensable para acelerar la innovación. Dependeremos de más creatividad para transformar empresas a las nuevas circunstancias y para surgir por crecimiento en la productividad.

En vez de dejarnos engañar con volver a un pasado inexistente de prosperidad en el aislamiento y en el exceso del gasto público, debemos volver los ojos a la Alianza del Pacífico y resolver a fondo el desequilibrio fiscal con la menor afectación posible a la capacidad productiva nacional. No debemos volver a posponer las medidas necesarias para el progreso.



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