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La tarea está sin hacer


Parece estar claro que el país no se encontraba lo suficientemente preparado para el sacrificio solicitado a las personas que se trasladan en vehículo propio a sus diversas actividades.
Ni la seguridad que debería tener en las calles por donde camine a cualquier hora del día o de la noche, ni el servicio de autobuses son los que deberían ser para que la población realmente acepte la restricción impuesta y vaya cambiando poco a poco sus costumbres hacia unas más convenientes para el menor consumo de combustible y el descongestionamiento de las rutas.
Hasta el momento lo que se ha visto es una medida en un solo sentido, el del sacrificio de las personas (niños, adultos y ancianos). Lo que no ha ocurrido en absoluto es la contraparte, que corresponde a la decisión de tomar en serio las cosas y realizar un verdadero cambio total y efectivo del sistema que permita a la gente moverse por la ciudad para ir a trabajar, a estudiar o a disfrutar de tiempo libre sin arriesgar su vida ni perder horas en cada intento.
Nada responden las autoridades cuando la población agobiada por la crisis económica y el terror cotidiano a ser asaltada en cualquier parte y en cualquier momento se queja, se enferma y ve deteriorarse día a día su calidad de vida.
No debería ser así. La gente espera que sus gobernantes organicen la vida de la sociedad de modo que esta pueda vivir en paz y esa no es la realidad actual en el país.
Se les está pidiendo a las personas que dejen de utilizar por un día a la semana sus automóviles pero no se les ofrece seguridad para que caminen por las calles y un servicio colectivo de transporte decente y seguro que las lleve en el menor tiempo posible adonde necesitan llegar.
Las acciones para enfrentar cualquier cosa relacionada con la vida en sociedad deben ir siempre en los dos sentidos: la adecuada organización, regulación y vigilancia atenta por parte de las autoridades a cargo y el aporte responsable y disciplinado de la población.
Lo demás es puro estancamiento en el subdesarrollo por más que la retórica hable de modernizaciones y de la supuesta ruta hacia el desarrollo.
Nadie debe llamarse a engaño. Donde no hay orden ni servicio eficiente no habrá evolución de una población hacia hábitos convenientes.
Para vivir y producir en paz es necesario tener la casa en orden y sentirse seguro en ella.

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