Emilio Bruce

Emilio Bruce

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Viernes 3 Febrero, 2017

La estatización es tan socialdemócrata como las privatizaciones, si las metas de libertad, justicia y solidaridad se conservan. Las nacionalizaciones de ayer serán las privatizaciones de hoy. Lo importante es el cambio y la adaptación para que los valores tengan vigencia

Sinceramente

La social democracia. Orígenes sociales.

Hacia la mitad del siglo XIX la transición entre el despotismo y el liberalismo presentó un panorama social complejo. Los privilegios de la nobleza en algunos países se conservaban casi intactos. Los procesos de concentración de la riqueza en unas cuantas manos generaron una sociedad compuesta por dos clases. Las distancias económicas, políticas, sociales y educativas eran enormes. La capacidad de producción de algunos era muy significativa, la de otros muy pequeña. Los ingresos presentaron brechas abismales. La acumulación de riqueza presentó un panorama similar. La educación, fundamental para producir más y ganar mejor, estaba reservada para unos pocos.
En 1848 se publicó el Manifiesto Comunista de Karl Marx y Friedrich Engels. En el verano de ese mismo año surgieron primero motines, luego revueltas y finalmente tres grandes revoluciones. En ese ambiente de revuelta social y política surge la Social Democracia. El término “socialdemocracia” lo usaría desde las revoluciones socialistas de 1848 Gottfried Kinkel. Karl Marx lo utilizará luego en 1852.


Alcanzar la libertad, la justicia y la solidaridad son las metas siempre vigentes de la social democracia desde entonces. Cómo alcanzarlas no es relevante para dicho movimiento. Puede ser mediante la intensa intervención del Estado, mediante propiedad estatal de los bienes de producción o simplemente por medio del ordenamiento legal.
Libertad, justicia y solidaridad se ven acompañadas a partir de los escritos de Max Weber por otros dos grandes objetivos: democracia efectiva y movilidad social. Países socialdemócratas las han ido alcanzando usando diferentes escuelas de pensamiento, la laborista británica, la socialista francesa o la escuela alemana y nórdica.
La sociedad es cambiante en su comportamiento, nada es fijo, nada es constante. La economía cambia, la tecnología es diferente, y las formas también pero las metas son las mismas. Lo que es importante es que una sociedad aunque cambie debe tener a la libertad, la justicia y la solidaridad presentes siempre. La estatización es tan socialdemócrata como las privatizaciones, si las metas de libertad, justicia y solidaridad se conservan. Las nacionalizaciones de ayer serán las privatizaciones de hoy. Lo importante es el cambio y la adaptación para que los valores tengan vigencia.
La social democracia no pretende ni busca la proletarización del individuo sino la multiplicación de los propietarios y allí se separa abiertamente del comunismo. La social democracia en sus inicios buscó erigir un “Estado de bienestar” en los países. En la actualidad busca maximizar la producción de bienes y servicios, viendo al Estado no como a un entorpecedor de la acción privada sino como al gran facilitador de los esfuerzos productivos del individuo y de la colectividad. Son el comercio de bienes y servicios junto al desarrollo del conocimiento y de la experiencia las mejores herramientas para transformar al proletario en propietario, uno de los objetivos básicos para alcanzar libertad, justicia y solidaridad.
La socialdemocracia se enfrenta al marxismo por ser esta revisionista de la perspectiva totalitaria. Sus políticas son reformistas y logran la fusión de los objetivos y aspiraciones de la pequeña burguesía con las de los obreros. El comunismo rompe con los partidos socialdemócratas y socialistas europeos al triunfo de la Revolución Comunista en Rusia en 1917. Eduard Bernstein, Carlo Rosselli y Henri de Man, acercan el socialismo a la democracia y se separan de la dictadura del partido comunista y de su dirigencia.
El régimen marxista leninista radicaliza la separación del régimen comunista de partido único de la democracia liberal que sostiene la socialdemocracia. El comunismo con su dictadura de clase, su dictadura del partido comunista y en última instancia su dictadura de los líderes del partido único, se separa abismalmente de la social democracia que deja abiertas las posibilidades para la participación política y electoral de todas las fuerzas, corrientes de pensamiento y opciones. El totalitarismo se separa de la democracia para siempre. Justicia, libertad y solidaridad están por encima y Stalin los persigue ferozmente hasta que en 1945 la social democracia abandona de manera completa y definitiva sus raíces marxistas contenidas en su socialismo original.
Emilio R. Bruce
Profesor
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