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La ruta del vino

Un recorrido por los viñedos argentinos permite comprender la razón de su excelente calidad

Carmen Juncos
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Argentina- Entrar en contacto directo con los viñedos y bodegas donde se elabora uno de los mejores vinos del mundo, en Argentina, es una experiencia única, tan placentera como útil.
Recientemente, Magazine hizo un recorrido por las regiones vitivinícolas de ese país, desde el norte, en las provincias de Salta y La Rioja, bajando un poco hasta el centro-oeste, en San Juan, y Mendoza, la gran capital del vino, y finalmente en la llamada Patagonia, al sur, en donde las provincias de Neuquén y Río Negro tienen también una pujante industria que obtiene vinos de extraordinaria calidad.
Hablar con los enólogos y dueños de las empresas en el viñedo mismo aclara muchas cosas de su proceso.
El suelo desértico, el clima seco y de gran amplitud térmica (temperaturas altas durante el día y bastante bajas por las noches), entre otras condiciones de esas zonas, definen la clase y calidad de uva que podrá lograrse, mediante riego controlado casi siempre por goteo.
Pero esa extensa y amplia franja del oeste argentino tiene una particularidad adicional única: las cadenas montañosas de la Cordillera de los Andes son una imponente pared que impide el paso de la humedad del aire del océano hacia los viñedos, el cual les afectaría negativamente.
Esto convierte a la región en privilegiada, atrayendo incluso capital extranjero para apostar con seguridad en la industria por el excelente producto que puede lograrse.
La vendimia (recolección de uva para vino) se inicia en el preciso momento en que el enólogo define que la fruta ha alcanzado el punto de maduración en el cual la relación porcentual entre los azúcares y los ácidos es la deseada. Aunque esperar ese momento pueda aumentar la ansiedad o algún grado de riesgo para el productor, es el enólogo quien manda si se desea la mejor cosecha.
Después, comienza en las bodegas un minucioso y estricto proceso que se inicia con la separación de los granos de los otros elementos del racimo y que, en una perfecta conjunción de moderna tecnología, tradicional conocimiento, experiencia de los enólogos y un equipo humano especializado y comprometido, concluye con la obtención del preciado fermento, una obra de arte que llega luego a su copa.
El espectáculo de observar los extensos viñedos bajo el sol y una cálida temperatura, mientras al fondo se ve la Cordillera de los Andes con sus picos nevados, se complementa con la inigualable experiencia de recorrer bodegas aspirando el mágico aroma del mosto donde, entre toneles de roble francés y alta tecnología, se despeja el secreto de elaboración de una de las bebidas más complejas.
Después de esa vivencia, la posibilidad de disfrutar un almuerzo en el restaurante que las principales bodegas tienen, como parte de una atractiva infraestructura y servicios dedicados al visitante, es el broche de oro para estos recorridos por la ruta del vino argentino.
Ahí, la degustación y el maridaje (combinación de vino idóneo para el tipo de comida) lleva a conocedores y no conocedores a una oportunidad de saborear sus vinos preferidos con la emoción aún presente de haberlos visto nacer en viñedos y bodegas.
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