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La revolución del reciclaje

Una diseñadora y un científico consiguen convertir una botella en una flor y crear vestidos que desaparecen con el agua

Una diseñadora y un científico británicos han ideado una botella de plástico biodegradable que, una vez utilizada, puede transformarse en una planta de uso culinario o incluso en una flor.
A su comercialización aspira una de las más importantes cadenas de supermercados en el Reino Unido.
Se trata de envases de plástico que pueden contener detergente, jabón y todo tipo de líquidos para la limpieza, y que llevan un tapón en cuyo interior hay semillas depositadas.
La transformación se produce cuando, una vez utilizada, la botella se llena de agua caliente y sus paredes, hechas de plástico disoluble, se derriten y se convierten en un gel.
Es en ese gel donde, posteriormente, se plantarán las semillas, de las que nacerán la menta o la albahaca, una lechuga o incluso una planta con flor.
El resultado final es sorprendente, pues lo que al principio era un simple recipiente de plástico termina convirtiéndose en un ser vivo, en un vegetal que además resuelve el problema del reciclado de los deshechos plásticos.
Los dirigentes de la cadena de supermercados Sainsbury’s se han declarado dispuestos a “explorar el potencial comercial” de un objeto, cuya innovación no estriba en ningún avance científico sino en la aplicación de la ciencia ya conocida a un producto cotidiano.
Estas botellas “mágicas” se pueden ver, de momento, en Sheffield al norte de Inglaterra en una exposición titulada “El país de las maravillas: el comienzo de algo extraordinario”.
La muestra versa sobre materiales reciclables en la que una artista-diseñadora y un científico han trabajado juntos con el objetivo de provocar un debate público acerca de la sostenibilidad del medio ambiente.
Los padres de esta idea son Helen Storey, artista, diseñadora y profesora de la Facultad de Moda de Londres, y Tony Ryan, jefe de la Facultad de Ciencias y Matemáticas de la Universidad de Sheffield.
Al contrario de los productos de usar y tirar, los de esta exposición tienen “una segunda vida” y “se conviertan en otra cosa” una vez empleados, según señala Ryan en declaraciones a EFE.
“El objetivo es que la gente piense sobre el reciclaje y la sostenibilidad de una manera diferente”, insiste el científico antes de recordar que la población “ya está aburrida de los mensajes verdes” tradicionales.
La otra gran atracción de la exposición, aparte de las botellas, son unos vestidos que desaparecen al entrar en contacto con el agua.
Hechas a partir de tejidos disolubles, las prendas se deshacen al sumergirse en el agua y ofrecen una imagen espectacular, llena de color y movimiento, en la que las fibras del vestido se desintegran lentamente, como si se derritieran.
Tony Ryan remarca que en este caso se utilizan los vestidos “como una metáfora para hablar de los residuos del consumidor”, y también para lanzar una crítica a la propia industria de la moda, en la que “las cosas están de moda durante una temporada y luego se tiran”.
Los modelos, de diseños atractivos y colores llamativos, son para el científico como “un caballo de Troya” que contiene un “mensaje” en su interior.

Londres
EFE

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