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La restauración

Leopoldo Barrionuevo [email protected] | Sábado 23 febrero, 2008


Elogios
La restauración

Leopoldo Barrionuevo

Restaurar es la acción de recuperar fuerzas y proviene del francés “restaurant” o sea “restaurativo”, referido a los sitios que hace dos siglos y medio ofrecían en sus locales, un caldo de carne. Pero las tabernas datan de 1.700 años a de J.C., los comederos se conocieron en Egipto hacia el -512 y los romanos tenían una diversidad de locales en Herculano hacia el 79 d J.C.
Sin embargo el restaurante parece haber nacido en París en 1765, propiedad de monsieur Boulanger que inscribió en su puerta en latín: “Venid a mí todos aquellos cuyos estómagos clamen angustiados que yo los restauraré”. Pocos podían leer por entonces el mensaje, fuera en latín o en francés
Yo vine a conocer los restaurantes ya de grande cuando a los 24 años en la Universidad me dieron cuenta de gastos; hasta entonces, en mi barrio había fondas, pizzerías y pollo allo spiedo (a la leña). Una o dos veces al año y en ocasión de algún aniversario familiar, el viejo nos llevaba a la Munich de la Costanera y disfrutábamos de sánguches de miga de jamón y queso con cerveza y chinchibirra; cuando pude frecuentar los restaurantes, no me conmovieron: mi vieja cocinaba mejor.
Por eso no extrañé cuando me radiqué con mi familia en Costa Rica, hace apenas 40 años, al comprobar que los restaurantes eran escasos y por lo general muy concurridos: había locales chinos en lo popular, además de la inolvidable Soda Palace, el Chelles Bar, el México Bar con sus famosas bocas, La Eureka con sus lápices, La Bastille, La Cascada, Los Anonos, El Chicote, el permanente Chalet Suizo, el Ana de Paseo Colón, el Rialto, el Franco, el lujoso Hotel Europa, la eterna Soda Tapia y en carnes El Gaucho con Grace Carvajal e Isidro Pinotti. Trabajar en la Cervecería con Alberto González y Macho Cruz me brindó la oportunidad de excelentes restauraciones.
Ir al puerto era una hazaña y la ciudad muy pequeña: el país apenas superaba el millón y medio de habitantes. Recuerdo que en la avenida central cerca de La Merced se abrió el primer McDonald por entonces y los ticos lo eludían, augurando no pasaría del primer semestre.
Ahora, el Tico Times publica una guía de restaurantes y en el país hay más de 500 sin contar los de comida rápida y servicio express: ya la ciudad superó la Sabana, Traube y el barrio México, y al este el mundo que terminaba en Los Yoses, porque después estaban los cafetales de Curridabat y el camino a Siberia (Cartago); hacia el oeste el sendero de los paseos de fin de semana: Escazú, Puntarenas, Ojo de Agua y el camino del pecado de Zapote al Sur (la calle de los locos).
Hoy en día, con la explosión del turismo y otro modo de vida más apurado, sin amas de casa ni familias numerosas, el restaurante o bien el comedero se han hecho dueños del paseo y ha muerto la comida casera, las parejas se ven poco y los escasos güilas explotan el complejo de culpa de sus padres o sustitutos.
Ya nadie restaura ni el buen humor, ni las buenas costumbres, el respeto, los modales y el placer de vivir, enfurruñados como van por las calles y avenidas a reventar de carros, no importa que el petróleo supere los cien dólares el barril.
Y ya que las tarjetas de crédito nos dan un 25, 30 y hasta 50 de descuento en los restaurantes, festejemos cumpleaños, Sanvalentines, Navidad, graduaciones y cuanto aniversario exista, no en las fechas correspondientes a los eventos sino cuando lo dispongan las promociones. Sin embargo, ninguna tarjeta de crédito me ha brindado un buen descuento para restaurar el alma y llenar el corazón de recuerdos. Sin intereses.

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