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Domingo, 18 de agosto de 2019



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La responsabilidad de vender

| Viernes 12 junio, 2009



La responsabilidad de vender

En realidad el título debería decir la responsabilidad de guiar bien.
No he podido digerir todavía la sólida conclusión a la que he llegado sobre la destreza no desarrollada de nuestros saloneros y bartenders de guiar al cliente responsablemente.
Es impresionante reconocer que prácticamente solo una pequeña, muy pequeña parte de nuestro personal de servicio en nuestros restaurantes y bares cumple con una de las funciones básicas de servicio que corresponde a realmente saber explicar al cliente la composición de los platos y las bebidas que contienen los menús.
No existe verdadera guía, una guía consciente, asertiva, informada, que interprete las necesidades percibidas del cliente y las adecue en sugerencias estimulantes, al grano pero completas, sin excesos, sin divagaciones ni batazos; en síntesis, una recomendación bien hecha.
Cuando uno se sienta en esa silla ocupa el lugar de quien busca ser atendido, mimado, estimulado, apreciado, guiado y llevado a un final feliz, es decir a tomar las decisiones correctas a concretar con una elección que se encargue de las necesidades del momento, algunas tan cambiantes en el último minuto como el viento.
La responsabilidad de quién atiende es de aportar información exacta utilizando las palabras que transmitan conocimiento y sensaciones, datos y emociones pues esa es en realidad la experiencia que vive, de manera consciente o no, el comensal.
Pues bien la realidad es otra, tenemos en la mayoría de los casos solo tomadores de órdenes, corredores de sillas y contados con los dedos de la mano buenos vendedores.
Pero cuidado, el buen vendedor no es solo el que sabe hablar y convence, es el que interpreta al cliente, conoce los platos y bebidas, sabe cuáles hay y cuáles no, informa antes de que el cliente abra el menú y sabe cuáles son los más rentables para el local sin necesariamente ser los más caros.
Pero de quién es la responsabilidad de todo esto. Es compartida, el dueño que comete un crimen al permitir que esa persona atienda y el salonero que comete un suicidio profesional al atreverse, y todos perdemos.
¡Buen provecho y hasta la próxima semana!