Leopoldo Barrionuevo

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Sábado 24 Mayo, 2008

ELOGIOS
La puerta grande

Leopoldo Barrionuevo

Alguna vez, antes de emigrar porque se me hacía difícil sostenerme donde laboraba en Buenos Aires, mi viejo me aconsejó acerca de mi futuro en el exterior (hace de esto más de 40 años), dos reglas de platino: 1. Nunca trabajes para patrón y 2. En caso de que no puedas cumplir con la primera regla, por ningún motivo ingreses o salgas de tu destino por la puerta estrecha.
Lo que quería decirme es que una vez tomada la decisión, no solo no se la debe cambiar, mucho menos negociarla; lo primero porque un hombre digno cumple con su palabra y medita profundamente antes de emprender un camino que además no tiene retroceso por ningún motivo y lo segundo porque quien renuncia para que le aumenten su paga es indigno de mantenerse en su puesto y a la primera de cambio le pasarán la factura correspondiente.
Así lo hice siempre y eso me evitó sinsabores ante las injusticias y las inevitables serruchadas de piso que uno encuentra a su paso profesional y, vale la pena destacarlo, nadie se salva de ello.
Más bien, lo atinado es evaluar la situación y enfocarse objetivamente en qué parte ha sido uno parte, cómplice o responsable de la salida y luego tender un manto de olvido y yo soy experto en despidos porque en mi caso y en virtud de mi actividad de consultor, que tiene una vida de no más de seis meses promedio, es un milagro haber permanecido en la Cervecería Costa Rica 35 años y 23 en Calzados Rex de Venezuela, con otros siete, que aún sostengo, en Calzados Roy de Guatemala, además de aquellas empresas donde permanecí por más de cinco años: Dos Pinos, Avianca, Lacsa, Tabacalera, Jack’s, Cinta Azul y otras, lo que no es un mérito, pero que provocó en otros casos más de 100 despedidas.
Lo que más cuenta es el grato recuerdo de la gente con la que se trabajó y la satisfacción por los logros obtenidos, no el rencor hacia aquellos que nos resistieron o nos odiaron, pero en todos los casos, un retiro digno y con agradecimiento por lo recibido es fundamental para nosotros mismos e incluso para los demás, sin olvidar que siempre existirán referencias a nosotros en el futuro.
De todos modos, cuando me las solicitan sobre muchos que me incluyen con aviso o no en sus postulaciones, digo la verdad por escrito, para darle más veracidad a mi recomendación, y no siempre son buenas, además nunca olvido a los que se van dejando un hálito de escándalo, malacrianza o terquedad y excluyo a los que han sido estafados por sus empresarios en cuestiones de dinero, es decir, sostengo mi opinión acerca de sus capacidades, sin considerar en este caso la salida conflictiva.
Nunca olvido que a mi llegada a Costa Rica, una de las empresas que me propusieron asesoría fue Lacsa en la persona de don Otto Escalante, pero mi ingreso quedó supeditado a la recomendación de Avianca, con la que trabajé por tres años en Bogotá. Me había correspondido estar en medio de la lucha de poderes en una organización que había nacido en Barranquilla, pero estaba manejada por los cachacos (bogotanos) los que me habían contratado; se presentó una lucha interna que ganaron los costeños y debí renunciar, aunque sin enojos y con mucha altura.
Poco después llegó una carta de Avianca que es la mejor recomendación que tuve en mi vida. Ratifiqué así que mi padre tenía razón una vez más: la única forma de salir de todas las situaciones, es por la puerta grande sin conflictos y sin llanto.

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