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Lunes 29 Septiembre, 2008

La otra cara de la Asamblea Legislativa


Recientemente, don Carlos Denton publicó un artículo que tituló “La percepción de la Asamblea”, en el cual emite opiniones desfavorables para la Asamblea Legislativa; para ello, se respalda en encuestas que estimo oportuno aclarar. En primer término, quiero decir que las encuestas han sido, son y serán un valioso instrumento de medición de temas puntuales; pero no siempre han sido exactas en su resultado y ejemplos hay de sobra.
En segundo lugar, la afirmación de don Carlos de que la Asamblea “ha dejado de ser el Primer Poder de la República, con toda la independencia que le permite la Constitución Política, al permitir al Poder Judicial intervenir en sus asuntos internos”, me parece poco afortunada. La competencia indelegable propia de cada Poder del Estado es muy distinta de las relaciones de contrapesos que existen entre ellos, lo cual es básico y fundamental para la institucionalidad del país. Son asuntos diferentes por completo.
El procedimiento establecido para aprobar, derogar, reformar o interpretar una ley, se trata de un proceso claramente definido. Apartarse de él, puede inducir a vicios de nulidad de la norma; por tanto, ese aspecto de legalidad es parte de la competencia que constitucionalmente tiene el Poder Judicial. Por tal razón, recomiendo ser prudente al hablar de la injerencia entre los poderes del Estado. Desde luego que al Poder Judicial no le corresponde decir qué debe hacer la Asamblea Legislativa en materia de procedimiento, sino emitir criterio de si lo actuado por la Asamblea está o no ajustado al derecho. Eso es muy diferente.
Como tercer aspecto, coincido con el doctor Denton en que las jornadas laborales de los señores diputados resultan extenuantes. Su labor no solo se limita a los días hábiles en la Asamblea Legislativa, sino que su trabajo se extiende a la labor comunal durante los fines de semana. También es justo destacar las condiciones desventajosas de espacio físico con que cuentan para cumplir con sus tareas, como se menciona en el artículo de marras.
Como cuarto punto, discrepo, respetuosamente, de la crítica acerca de la cantidad de tiempo invertida por los congresistas en hablar. La función de los parlamentos es hablar, para coincidir o para discrepar; pero la expresión oral es un derecho sagrado del legislador. Quiera Dios que nunca se limite ese derecho a los diputados. Muy diferente sería regularlo. Ojalá pocos, o ningún costarricense, quieran para nuestra patria, un parlamento “enmudecido” por normas que cercenen ese derecho democrático.
Quiero agradecer a don Carlos el llamado para que el parlamento disfrute de las condiciones de infraestructura que le corresponden. No hablo de lujos, sino de comodidad y de funcionalidad. Hablo de un edificio acorde con las aspiraciones de cualquier país por trabajar con dignidad y con perspectiva de futuro. Ese es precisamente el esfuerzo que hoy realiza el Directorio Legislativo. Esperamos sus frutos a corto plazo.
Finalmente, afirmo que el apoyo administrativo que reciben los diputados, no admite dudas en cuanto a la calidad y el profesionalismo. Sucede que, siendo una verdad de Perogrullo, la experiencia en materia parlamentaria solo se adquiere en el parlamento, y parlamento solo tenemos uno. Unicamente conociendo las regulaciones internas que dan forma y contenido a la cultura institucional, se puede valorar de mejor manera el apoyo administrativo que la Asamblea les ofrece a los legisladores. Aunque siempre debemos aspirar al mejoramiento constante y a la excelencia como norma de conducta en nuestras responsabilidades, hoy por hoy estoy satisfecho y orgulloso de lo que ofrecemos en esa materia.

Antonio Ayales
Director ejecutivo
Asamblea Legislativa