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La oscuridad del cortoplacismo


Una Costa Rica con mentalidad de subdesarrollo, que se ocupó del corto plazo pero no aquilató las consecuencias de no prever para el futuro, tiene hoy a sus habitantes ante una crisis de electricidad y amenazada con quedar a oscuras durante la fase más crítica del próximo verano.
De haberse pensado y trabajado para el mediano y largo plazo, la situación para los costarricenses sería tan distinta como que estaríamos no solo abasteciendo el mercado nacional sino exportando electricidad a Centroamérica.
En 1970, como parte del Plan Nacional de Desarrollo Eléctrico, las autoridades del ICE, previendo el aumento de la demanda futura, idearon la construcción de una planta que aprovechara las aguas del Río Grande de Térraba, el de mayor caudal en el país.
La situación de 15 poblados indígenas situados a la margen del río y la constante actividad sísmica de la zona hicieron fracasar el proyecto, que volvió a intentarse en 1990 en una magnitud equivalente a la mitad del plan original, pero nuevamente la oposición de los indígenas y, en esta oportunidad, la falta de diseño, echaron por el suelo el proyecto.
Desde la primera oportunidad en que el ICE previó las necesidades futuras, hace más de 30 años, debió existir una visión de largo plazo y creativas soluciones a los problemas surgidos, pero jamás la posposición de las obras hasta llevar al país a la circunstancia actual.
Una nación con el potencial que tiene Costa Rica para generar electricidad, enfrenta hoy serios problemas para los hogares, la industria y el comercio por administraciones que no cumplieron con su deber.
A las pérdidas que puedan sufrir empresas e industrias hay que sumar no solo la incomodidad de las familias que sufrirán la falta de luz, sino el serio agravamiento de las condiciones de inseguridad.
No se necesitan más explicaciones para comprender que son múltiples los daños que posibles apagones traerían al país y que es indispensable hacer lo necesario para evitarlos. Sin duda, una injusta situación que tendrán que afrontar los costarricenses de hoy por causa de la irresponsabilidad de las administraciones de los últimos 30 años. Una lamentable crisis de capacidad y responsabilidad política que debería servir al menos de experiencia para disponernos a superarla.
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