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Lunes, 9 de diciembre de 2019



COLUMNISTAS


La migración y el trato de Costa Rica

Carlos Denton [email protected] | Miércoles 20 febrero, 2019


Todos los días en las calles y carreteras del país hay 50, 60 y quizás hasta 100 personas transitando desde la frontera sur con Panamá hasta el norte donde colinda el territorio nacional con Nicaragua. Pueden ser nacionales de cualquier país, desde Somalia y Siria hasta Haití, Cuba y Bolivia. La mayoría ha pagado a traficantes, incluyendo a costarricenses, para moverlos hacía el Norte.

Su paso por el país está organizado y podrían estar viajando en autobús, microbús, pickup o un automóvil propiedad de un traficante. Si entran a Costa Rica por un punto migratorio la autoridad les da un permiso para estar un cierto número de días; pero estas personas están apuradas y no les interesa ver las bellezas naturales o conocer gente. ¡Quieren avanzar en su trayectoria! Se detienen para comer y pagan sus cuentas; algunos duermen una noche en algún hotel y se bañan y cambian de ropa. Pero su contacto con la sociedad es mínimo.

Que estas personas están siendo traficadas no molesta a la autoridad nacional o al pueblo. No les importa que algunas de las mujeres terminarán siendo esclavas sexuales en el Norte o que los hombres tendrán que trabajar siete años sin remuneración cuando llegan al destino; no los van a ver y entonces no ven el mal. La verdad es que no se desea que se queden aquí y mejor dejarlos pasar. Repatriarlos involuntariamente costaría demasiado dinero.

Este sistema funciona siempre y cuando las autoridades panameñas y nicaragüenses colaboren. Cuando de repente el gobierno de Managua no permitió que un grupo, fundamentalmente de cubanos, pasara por su territorio se creó una situación de angustia y de mal gusto en el norte del país. Los guanacastecos tuvieron que albergar a más de 6 mil cubanos en 2015 y lo hicieron con una sensibilidad y una misericordia hacia los atrapados que fue la admiración de todos.

Este tipo de migración proviene en gran parte desde el Ecuador, país que permite que cualquier persona de cualquier nacionalidad entre sin visa, siempre y cuando tenga pasaporte válido. Llegan los migrantes de todo el mundo a Quito o Guayaquil y de esos puntos emprenden viaje por tierra.

Dicen las autoridades panameñas que filtran a las personas para evitar que pase un terrorista árabe o afgano entre los viajeros. La credibilidad de esa filtración es cuestionable pero no es mejor la costarricense. Muchas veces vienen menores de edad con sus padres; es un viaje riguroso y tienen que aguantar extremos de calor y frío, de caminar en la selva y de aguantar mosquitos, culebras, ratas y otros animales.

Estos migrantes del Sur al Norte son muy diferentes a los que llegan a Costa Rica como su destino final, que son muchos. Los que transitan son mucho más duros, concentrados en sus metas, y han invertido mucho más en el viaje que los otros. Sería bueno si alguno se quedara e hiciera su provenir aquí; podría aportar algo diferente y útil a la sociedad.

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