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En vez de muros hay que construir puentes por los cuales llegue la buena calidad de vida a quienes carecen de ella. Con salud, educación y empleo las poblaciones gastan sus energías en el trabajo fecundo, y no hacen falta murallas

La ineficacia de las murallas

Cuando existía la llamada “cortina de hierro”, el bloque de los países socialistas daba sus razones para haber levantado el Muro de Berlín; el resto del planeta no aceptaba tales motivos y manifestaba su repudio hacia aquel símbolo de división.
Actualmente otros muros se erigen, por ejemplo, para separar a Estados Unidos de México o como el levantado en Río de Janeiro, Brasil, para aislar un barrio de clase muy alta de un grupo de favelas.
La realidad parece demostrar que algo está muy mal si los países o las comunidades necesitan ser separadas por altos muros. Esto no es más que la demostración, ladrillo a ladrillo, de la incapacidad para crear y mantener sociedades sanas en donde sus habitantes puedan vivir, unos con mayores riquezas otros con menores, pero todos con sus necesidades básicas cubiertas y con dignidad.
Pareciera indispensable un replanteamiento general para rediseñar el desarrollo subsanando las fallas generadoras de los problemas que luego intentan justificar murallas.
Pero esto no es fácil, no tanto por la dificultad o complejidad de llevarlo a cabo sino porque las fallas no parecen haber sido admitidas aún. Esto es como el alcohólico que no puede iniciar su verdadera recuperación hasta tanto no reconozca su enfermedad y su necesidad de ayuda y cambio.
Sin embargo, la evidencia es irrefutable. Las fallas en cuestión echan a perder las posibilidades de una vida feliz a todos, los de un lado y los del otro de las murallas.
La inconformidad, la violencia, la mala vida en general no serán solucionadas por barreras. Son otras las medidas que se deben tomar para subsanar las deficiencias que se encuentran en la base del problema, cuyos cimientos y por tanto su fuerza son mucho más hondos que los echados para construir los muros de contención.
En vez de altas paredes es necesario edificar puentes por los cuales se lleven el progreso y la buena calidad de vida a quienes carecen de ella. Con salud, educación y empleo las poblaciones emplean sus energías en el trabajo fecundo no en volar murallas.
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