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La hora de la verdad

Disputar una final en un campeonato deportivo se asemeja al desafío de una crisis económica como la que el mundo enfrenta. Se requiere un esfuerzo supremo, ir más allá de lo intentado antes y elevar el nivel de inspiración y trabajo. Se debe poner algo más que talento y voluntad, es una fuerza que sale del alma, del creer que sí se puede.
Lograr lo extraordinario está reservado para quienes se atrevan a hacer lo extraordinario. Las crisis y retos superiores nos obligan a ser mejores, trazan una línea para que sea cruzada por los que crean que nada ni nadie les obstaculiza alcanzar algo excepcional. En ambos casos la primera lucha es contra nosotros mismos y solo venciéndonos elevaremos nuestra competitividad y seremos campeones.
La victoria sobre el temor, la incertidumbre, y los recuerdos de ingratas experiencias pasadas libera ataduras mentales. El deseo de trascender, ganar, hacer historia y marcar una diferencia rompe las cadenas que inhiben la capacidad. En la hora de la verdad surge una inspiración que solo pueden explicar quienes hayan estado allí, en el instante supremo de sentir el triunfo en cada célula, en el momento de silencio que sigue al éxtasis de decir “¡lo logramos!”
No importa desde qué trinchera se enfrenta el reto, sino la actitud con la que se afirma: “¡Estoy listo, venceré!” Todo empieza con darle dignidad al papel que se ocupa en una comunidad, equipo o empresa. “No existen trabajos insignificantes, sino personas que se sienten insignificantes realizando su trabajo”, indica M. Sanborn. Y B.C. Forbes, complementa: “Produce más satisfacción y reconocimiento ser un camionero de primera clase que un ejecutivo de quinta clase.”
En esa plataforma de significancia y dignidad es posible construir confianza en la capacidad propia y en el merecimiento del éxito. Lo que sigue luego es trabajo fuerte, máxima concentración y un espíritu ganador que cuesta describir con palabras.
Las crisis traen invitaciones para ser parte de ellas; las vencen los sensatos que aceptan la realidad de su presencia y renuncian a ser o estar en ellas: “Sé que hay crisis, pero yo no estoy en crisis”.
Las grandes finales también traen invitaciones: ¿Quieres ser número 1 para ser recordado o 2 para ser olvidado? Si lo realizado hasta ahora no ha alcanzado para ser #1, entonces habrá que reinventarse, crecer, desaprender y aprender, pero sobre todo, creer y salir a ganar.
Según A. Carnegie, “hay dos clases de personas que no logran casi nada en la vida: las que no hacen lo que les ordenan y las que sólo hacen lo que les ordenan”. En la hora de la verdad, ganan los que juegan más allá del deber, más allá de lo que se creyeron capaces, haciendo posible lo que otros dijeron que era imposible.

German Retana
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