La gran expectativa
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La gran expectativa


Ayer el mundo pudo ver, en directo, los actos protocolarios de juramentación de Barack Obama como presidente de Estados Unidos de América y de la toma de posesión en general de la nueva administración.

Con un padre nacido en Kenia y una madre natural de Kansas, el nuevo mandatario de la nación del Norte vino al mundo en Honolulú, Hawái, y luego de un segundo matrimonio de su madre residió en Indonesia. Le correspondió ahí, en un país de mayoría musulmana, asistir a una escuela católica siendo protestante. Un legítimo representante de quienes son el fruto de la mezcla de razas y culturas, algo que caracteriza al país que ahora preside, una nación formada por inmigrantes.

Inteligente, culto y, al parecer, seguro de sus aspiraciones, este abogado de Harvard con una brillante carrera y ofertas para trabajar en prestigiosos bufetes prefirió dar clases en esa universidad y dedicarse a pelear por la defensa de los derechos civiles. Inició muy pronto una vertiginosa carrera política que lo colocó en la candidatura a la presidencia de Estados Unidos justo en el momento en que la población de ese país había llegado al punto de saturación de las políticas de George W. Bush, culminadas, luego de la guerra contra Irak, con la crisis financiera que sumergió al planeta en una crisis económica.


Estas circunstancias y las promesas de Obama de cambio para devolver a su declinante país la posibilidad de mantenerse como primera potencia mundial, renovó la esperanza y caldeó el alma de los estadounidenses que votaron por él y lo aclamaron ayer bajo la inclemencia del frío.

Su llegada al poder suscita también grandes expectativas en el resto del mundo entre quienes desearían ver un verdadero cambio en la potencia del Norte, capaz de desviar los amenazadores meteoritos de las guerras, el hambre, el calentamiento global, entre otros males que se ciernen hoy sobre el planeta.

Pero Obama ha tenido que rodearse de mucha gente capaz y experimentada que algunos consideran más de lo mismo. Un presidente no gobierna solo sino que depende mucho de sus colaboradores y de su capacidad para enfrentar presiones que seguramente caerán con fuerza sobre el flamante mandatario.
Solo un poco más de tiempo permitirá comenzar a vislumbrar el nuevo rumbo de Estados Unidos y su relación con el resto del mundo, tarea a cargo de quien fue su contendiente en la precampaña, la señora Hillary Clinton.

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