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COLUMNISTAS


La escuela ha muerto

Eleonora Badilla ebadilla@castrocarazo.ac.cr | Martes 16 noviembre, 2021


El dicho popular dice: “Del ahogado, el sombrero.” Literalmente significa que, ante una situación de emergencia, donde una persona se ahogó hay que rescatar, por lo menos su sombrero. Como metáfora, quiere decir que, ante una situación compleja, que es difícil de resolver, se puede optar por pequeñas soluciones parciales.

En el tema educativo y gracias en parte, a los informes del Estado de la Educación, estamos de acuerdo en que es un sistema que venía sin poder nadar hace muchos años, y como consecuencia enfrentamos el llamado apagón educativo. Aunque en tiempos idos nos hemos enorgullecido de nuestro sistema educativo, no tuvimos la conciencia, la convicción, el sentido de urgencia, ni la voluntad de salvarle la vida. Nos hemos contentado con pensar que podríamos ir optando por soluciones parciales, desarticuladas, es decir, rescatando sombreros, mientras veíamos cómo se ahogaba. De nuestro agonizante sistema educativo, entonces, lo que quedaba es una colección de sombreros.

Pero el abuso cometido con nuestros niños y niñas de quinto grado, le ha dado la estocada final a nuestro sistema educativo. Como predijo en 1971 Everett W. Reime, de quien tomo prestado el título de este artículo: “La escuela ha muerto”.

Las más sensibles víctimas de lo ocurrido en nuestras escuelas el fin de semana anterior fueron nuestros niños y niñas, al violentarse sus derechos. Pero también hubo violencia contra docentes y familias.

La situación es indescriptible: con el fin de llenar un cuestionario, se retuvo a estudiantes de 11 y 12 años por horas sin las mínimas condiciones para su bienestar; pidiéndoles que revelaran información sensible de sus hogares; provocándoles cuadros de ansiedad, migrañas, vómitos y otras reacciones preocupantes. Se obvió el Interés Superior del Niño consagrado en nuestra Constitución Política y se violentó la Ley de Protección de Datos. Se solicitó información a menores, a hurtadillas, sin autorización de sus familias.

En medio del dolor que me provoca este abuso, debo hacer un paréntesis para señalar que este cuestionario NO se trata de las pruebas evaluativas llamadas FARO, ni las de Dominio Lingüístico, ni otras diseñadas con criterios de evaluación muy adecuados. Es un cuestionario, no una prueba evaluativa. Dicho cuestionario (que llaman también tronco común o de factores asociados) a que fueron sometidos nuestros estudiantes, fue diseñado sin ningún criterio pedagógico, de desarrollo o de evaluación. Es un instrumento muy semejante al que utiliza el Instituto Nacional de Estadística y Censos INEC para encuestar a la población adulta del país cada cuatro años.

Llegó la hora de dejar de rescatar el sombrero de una educación que ha dejado de serlo. Llegó la hora de provocar una verdadera evolución del sistema educativo, para que jamás se vuelva a maltratar a nuestros niños, niñas y jóvenes; ni a irrespetar a docentes y familias.

Una evolución del sistema para que la educación esté a la altura de los retos del siglo XXI, de la crisis ecológica, de valores, de convivencia, y de las necesidades de la cuarta revolución industrial.

Tres pasos simultáneos deben darse. Por una parte, sentar las responsabilidades del caso más allá de las renuncias que ya se hicieron efectivas.

Es necesario que, por primera vez, el Consejo Superior de Educación CSE, de cuentas al país, en esta ocasión por haber aprobado la aplicación del cuestionario camuflado con las pruebas Faro. Hace más de diez años vengo sosteniendo que la conformación de CSE debe modificarse totalmente.

De igual forma, las instituciones e instancias que cuentan con representantes en ese CSE deben pedirles cuentas y tomar posición al respecto.

En segundo lugar, es necesario dar contención a los niños y niñas y sus familias por el trauma sufrido y para recuperar la confianza.

Y en tercer lugar, hacer lo que debimos haber hecho en vez de estar coleccionando sombreros: reformar la gobernanza del sistema de manera radical. Acciones concretas se acordaron entre los partidos políticos que tenían representación en la Asamblea Legislativa en el año 2017, llamado el Acuerdo Nacional por el Bicentenario. Es hora de honrar la firma.

La escuela ha muerto; que viva la escuela de la esperanza.

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