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Martes 5 Agosto, 2008

La Costa Rica que hemos perdido


Ante los hechos de violencia e inseguridad ciudadana, la pérdida de valores y la desconfianza en el rumbo que lleva el país que hace algún tiempo se llamo la “Suiza Centroamericana”, sentimos nostalgia por la Costa Rica de nuestros abuelos, donde dar la palabra significaba un compromiso que cumplir y los valores que los guiaban siempre eran la honestidad, respecto a los demás y la solidaridad. Es necesario que hagamos un alto en el camino y que no nos preocupemos, sino que nos ocupemos en enfrentar la situación tan crítica por la que atravesamos.
Nos deben llamar a reflexión situaciones como la problemática del agua en regiones como Guanacaste, con grandes desarrollos turísticos que no han sido amistosos con el medio ambiente y han afectado a los campesinos y a las personas de escasos recursos, como el caso del manejo del acueducto de Sardinal, que no ha sido muy transparente.
No se da un rumbo claro al país, entre otras causas, porque muchas veces privan los intereses particulares sobre el general sin que se propicie el bienestar de las mayorías.
Se está desplegando un nuevo modelo de desarrollo del país más sustentado en aspectos macroeconómicos y pensando más en el crecimiento económico y no en lo social; y por ende en una economía capaz de favorecer a las mayorías.
No es un modelo de desarrollo compartido y comprendido por la mayoría de los costarricenses.
Es fundamental que haya una mayor participación de los costarricenses con propuestas y planteamientos que rebasen los partidos políticos que puedan encauzar a Costa Rica por senderos de solidaridad, honestidad y que e restablezca la seguridad ciudadana.
¡Cómo hacen falta personas como Mauro Fernández, Roberto Brenes, Francisco Orlich y Rodrigo Facio, que siempre tenían una gran congruencia entre lo que decían y lo que hacían y pensaban siempre en lo mejor para el país!
Es necesario que se den las condiciones para una efectiva gobernabilidad, de manera que la gestión de los recursos económicos y sociales, se enfoque desde una perspectiva del desarrollo que implica transparencia, responsabilidad y rendición de cuentas.
Es bueno tener presente lo que expresaba el recordado humanista el papa Juan Pablo II, en el sentido de que “la mayor amenaza de las sociedades de hoy no viene de quienes quieren destruirla, sino de la pérdida de unos valores, que siendo cristianos, son valores universales”.

Lic Bernal Monge Pacheco
Consultor externo