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La indisciplina de conductores que estacionan en zonas prohibidas, el caos de una ciudad llena de taxis y autobuses mal parqueados y la delincuencia demuestran mala cultura e incumplimiento de gobernantes y autoridades

La clase de cultura que tenemos

La falta de cortesía y de respeto a nuestros semejantes reflejada en la forma en que muchos costarricenses parquean sus automóviles, pone en evidencia una cultura que no es la que supuestamente afirmamos tener y, por otra parte, muestra una realidad que favorece aún más el desorden y la indisciplina.
Hablamos de una cultura porque parece evidente la prevalencia de un individualismo que lleva a no pensar en nadie más que en uno mismo y a rechazar cualquier indicación que signifique someterse a una disciplina.
Por otra parte, decimos que el hecho se relaciona probablemente también con la realidad ya que los ciudadanos se ven obligados a moverse en una ciudad en donde nada invita a dejar los automóviles en la casa o en un parqueo y caminar, porque quien lo haga se expone más a la delincuencia y a sufrir las pésimas condiciones de la mayoría de las aceras.
Así las cosas, el problema de vehículos estacionados en zonas prohibidas, que ocasionan más obstrucción en una ciudad ya de por sí caracterizada por la estrechez de sus calles y la gran cantidad de autos circulantes, es parte de un conjunto de situaciones que son una gran tarea pendiente por parte de las autoridades locales y nacionales.
El ambiente en la capital suma autos estacionados en sitios prohibidos obstaculizando el tránsito, taxis también parqueados en donde no deben o detenidos en cualquier momento en medio de una calle para cargar o descargar usuarios, autobuses que recogen o descargan pasajeros en medio de la calle con peligro para la vida de estos, aceras peligrosas y asaltantes de todo tipo.
Sin duda, no es la capital, ni San José en general, el dechado de cordialidad y de paz que pregonamos, ni demostramos los costarricenses la cultura que nos gusta decir que tenemos. Por el contrario, reina un enorme desorden mientras, en muchos casos, varias autoridades de tránsito reunidas en un sitio conversan con aire despreocupado.
Hay un problema serio e integral pendiente de resolver que tiene que ver con la cultura del costarricense y con un caos reinante que corresponde a gobernantes y autoridades ordenar primero y luego hacer respetar ese orden.
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