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Viernes 2 Mayo, 2008

La casa que hemos empezado a construir

(Discurso del Presidente de la República ante la Asamblea Legislativa, 1° de mayo de 2008)


Señor Presidente, señoras y señores diputados: Vengo de nuevo a este recinto sagrado, vértice centenario de los anhelos de nuestra tierra. Vengo de nuevo a este lugar bendito, cáliz de democracia donde se funden, como esencias, nuestras preocupaciones y esperanzas; nuestras convicciones y destrezas. Vengo de nuevo a esta Asamblea Legislativa, como peregrino que profesa el credo democrático y que sabe que el poder, si ha de ser legítimo, debe también ser controlado. Estoy consciente de la responsabilidad que cargo sobre los hombros al cruzar este umbral. Estoy consciente de que ninguna armadura es poderosa frente al escrutinio del pueblo, salvo la armadura de la verdad. Por eso vengo aquí sin epítetos ni hipérboles, sin poses ni falsas presentaciones. Vengo simplemente, como dijo el gran poeta Mario Benedetti, con “el armazón de mi verdad sin proezas”.
He cumplido con la tradición de entregar a esta Asamblea Legislativa un informe de labores. Pero debo cumplir también con mi deber constitucional de hablar sobre el estado político de la República. Los costarricenses me eligieron para fijar rumbos y proponer nortes, para guiarlos a través de la luz o de las sombras, de la fortuna o de la adversidad. Jamás renegaré de esa tarea, y por eso he venido aquí a proponer, con poderoso sentido de urgencia, las medidas que considero necesarias para asegurar, como establecieron los diputados de nuestra Asamblea Constituyente hace casi seis décadas, “la buena marcha del Gobierno y el progreso y bienestar de la Nación”.
Mucho ha ocurrido desde la última vez que visité este recinto. El mundo se ha replegado a las trincheras de la angustia y la desesperanza. Fúnebres pronósticos económicos amenazan en el horizonte. La humanidad ve resurgir el demonio del hambre, que acosa, como siempre, a los más pobres de la Tierra. El precio del petróleo alcanza límites inimaginables, y la solución de algunos países industrializados es producir combustible con los alimentos que faltan en otras partes del mundo. Las naciones ricas les pagan a sus agricultores para que no siembren, mientras a mil millones de personas que viven con un dólar al día no les alcanza para comer. El gasto militar mundial asciende a 3.300 millones de dólares diarios, pero la ayuda internacional sigue llegando a cuentagotas a los países más pobres, y a los países de renta media, como nosotros, no nos llega del todo. La economía más poderosa del orbe entra en recesión, lo que implica un decrecimiento de los flujos de inversión extranjera en casi cualquier país, y una disminución del número de turistas que cruzan las fronteras. El planeta se deteriora rápidamente, y el calentamiento global afecta con mayor crudeza a quienes menos tienen.
Negar que estos hechos impactan a Costa Rica es demagogia, es miopía y es el peor síntoma de deshonestidad política. Nuestro país no vive en una burbuja, aislado de las penas y las glorias de la humanidad. Reconocer que éste será un año difícil no es signo de debilidad sino de responsabilidad, porque sólo aceptando nuestros desafíos podremos prepararnos para ellos. Éste no es momento para la evasión, sino para el trabajo. No es momento para rasgarnos las vestiduras, sino para subirnos las mangas de la camisa.
Pocas oportunidades son tan propicias para el resurgimiento de populismos y delirios de épocas ya superadas como un periodo de dificultad económica. Es inevitable que el contexto mundial nos afecte, pero nos afectará mucho más si permitimos que algunos vean en esto una oportunidad para el discurso político o la pose ideológica. En los meses por venir nuestro país será puesto a prueba. Y seremos puestos a prueba los representantes de nuestro pueblo. Llegó la hora de ver quiénes aprovecharán la ocasión para construir y quiénes para destruir; quiénes buscarán acuerdos y quiénes sembrarán discordias; quiénes propondrán ideas y quiénes las rechazarán sin proponer ideas nuevas. Los ojos y las esperanzas de los costarricenses están sobre nosotros.
No necesitamos prodigios ni milagros, pero sí la serenidad para entender que hay, por lo menos, cuatro tareas impostergables que debemos asumir a lo largo de este año: mantener nuestra inversión social con énfasis en educación y ciencia y tecnología; impulsar la producción nacional, abocándonos a la creación de más empleos y combatiendo al mismo tiempo el aumento en el costo de la vida; dar una mayor lucha contra la delincuencia y las drogas; y reforzar nuestra política exterior. Estas son las cuatro paredes de la casa que hemos empezado a construir para el pueblo de Costa Rica.
Una casa capaz de resistir las lluvias y los vientos, pero que necesita algunos ladrillos que sólo pueden venir de esta Asamblea Legislativa.
La primera pared de esta casa es la inversión social. Este Gobierno ha vuelto a centrar la política pública en el ser humano, en el desarrollo de sus libertades y en el mejoramiento de sus condiciones de vida. Como ustedes saben, la pobreza ha disminuido en 3,5 puntos porcentuales. 29.000 familias costarricenses que antes no tenían lo necesario, pueden hoy cubrir sus necesidades más básicas. Éste es un logro inmenso pero frágil, cuyo sostenimiento dependerá de nuestra capacidad para mantener y profundizar la agenda social y de desarrollo del Gobierno.
En las últimas semanas hemos aumentado, por tercera vez en el curso de esta Administración, las pensiones del Régimen No Contributivo de la Caja Costarricense de Seguro Social, llevándolas de 17.000 colones mensuales a 57.500, y permitiendo que miles de adultos mayores salgan de la pobreza.
Continuamos librando una lucha sin parangón por erradicar los precarios en Costa Rica, una lucha que requiere, sin embargo, de la aprobación por parte de esta Asamblea Legislativa del proyecto de Ley para la creación de un impuesto solidario a las casas de lujo.
Hemos dado una muestra clara de nuestro compromiso con la salud, al empezara cancelar el monto de más de 185.000 millones de colones que el Estado le adeudaba a la Caja Costarricense de Seguro Social. Gracias a la transferencia de mayores recursos, hemos mejorado sustancialmente la cobertura y la calidad de nuestros servicios de salud, al tiempo que rescatamos la infraestructura hospitalaria y de atención básica en las comunidades.
Creo, sin embargo, que ningún esfuerzo es más emblemático de la política social de este Gobierno que el programa Avancemos. Si este país ha de terminar con la pobreza, todos sus estudiantes tienen que terminar el colegio. Más de 98.000 jóvenes estudiantes se benefician actualmente con este programa, en el que el Estado ha realizado una inversión sin precedentes. El nuestro ha sido el primer Gobierno en la historia en cumplir con el mandato constitucional de dedicar a la educación el 6% del Producto Interno Bruto, llevando el presupuesto educativo a casi 812.000 millones de colones. Los resultados de esta inversión empiezan a ser visibles: 9.000 estudiantes menos abandonaron las aulas durante el año 2007. Sin embargo, los recursos siguen siendo insuficientes. La aprobación de la reforma constitucional para aumentar del 6% al 8% del PIB el monto que debe ser destinado a la educación es necesaria, pero tiene como prerrequisito la obligación de otorgarle mayores recursos al Gobierno. De lo contrario, esta importante reforma constitucional no será más que una promesa lanzada al viento.
No sólo necesitamos más recursos para la educación, también necesitamos destinarlos mejor. Es por eso que hemos dedicado especial atención a que nuestros estudiantes desarrollen sus capacidades de pensamiento lógico, su destreza idiomática y su manejo de las tecnologías de la información y el conocimiento. Entre otras cosas, hemos aumentado los centros educativos con conectividad e instaurado más de cien centros comunitarios inteligentes a lo largo de todo el país, en donde nuestros ciudadanos puedan acceder gratuitamente a Internet. Estos esfuerzos se suman a varias iniciativas académicas y del sector privado para promover la agenda digital de Costa Rica.
Esto es crucial por muchas razones. Del aumento total de la producción en los últimos 25 años, el 88% proviene de mejoras en la tecnología, y sólo el 12% de la expansión de los sistemas de producción vigentes. Si Costa Rica desea competir en el mercado mundial por algo más que su democracia, su Estado de Derecho y su paz, es urgente que estas iniciativas educativas y tecnológicas se incrementen y se profundicen.
Todos estos programas requieren recursos. Gracias a una gestión fiscal inteligente y una mejor recaudación, el presente Gobierno ha logrado incrementar los ingresos corrientes del Estado en 1.7% del PIB. Pero eso es poco y ustedes lo saben.
Con los recursos que tenemos hemos podido aumentar pensiones, erradicar precarios, potenciar logros en salud, otorgar becas, y mejorar laboratorios de cómputo; pero será difícil compensar a las familias más humildes de Costa Rica por la pérdida del poder adquisitivo de su dinero. Si queremos llevar a cabo una política social solidaria, en el momento en que más se necesita, tendremos que crear nuevos impuestos o tendremos que endeudarnos, con cautela pero con urgencia. La decisión sobre cuál de estos dos caminos adoptemos descansa en esta Asamblea Legislativa.
La segunda pared de la casa que estamos construyendo es el impulso a la producción nacional. Y antes de referirme a ella quiero darle gracias a Dios, a cada uno de ustedes y al pueblo de Costa Rica, por la forma en que se llevó a cabo el primer referéndum de nuestra historia. Creo que el gran logro de los costarricenses en el año 2007 fue el haber navegado juntos sobre las aguas de un mar agitado, sin naufragar en la violencia ni encallar en la indecisión. Estamos prontos a cerrar el capítulo del TLC, pero este capítulo no era el único ni el último de nuestra agenda de desarrollo. Hay muchas tareas que tenemos pendientes, y la primera de ellas es la necesidad de enfrentar el aumento en el costo de la vida.
El año pasado vimos un aumento en los precios que superó nuestras previsiones, y envió la inflación de vuelta a los dos dígitos. No hace falta que yo lo anuncie, porque ya lo sabe cada madre costarricense que va de compras al mercado. Ante la incertidumbre internacional y la disminución del crecimiento de la economía en el mundo, no nos quedaremos de brazos cruzados.
Hemos puesto en conocimiento de esta Asamblea Legislativa el proyecto de Ley de Capitalización del Banco Central. Con él pretendemos que el Banco Central pueda realizar una mayor gestión de la política monetaria, con costos financieros menores, contribuyendo sustancialmente con nuestros esfuerzos antiinflacionarios.
Los costarricenses pueden tener la seguridad de que este Gobierno hará todo lo que esté a su alcance por aumentar progresivamente los salarios, de forma tal que a nadie le falte el dinero para cubrir sus necesidades más básicas. Pero a esta tarea no sólo estará llamado el Gobierno, sino también los empresarios de Costa Rica. Es hora de demostrar la solidaridad de la que es capaz nuestro país.
El combate a la inflación irá siempre acompañado de un fuerte incentivo a la producción. No sacrificaremos la generación de empleos y el crecimiento económico que han caracterizado a la primera mitad de nuestra Administración. Este Gobierno logró llevar el desempleo del 6% al 4.6%, el más bajo en Latinoamérica. Lo hicimos creando 90.000 empleos y aumentando con justicia los salarios. Lo hicimos creciendo económicamente a un promedio del 7.8% en los dos últimos años. Lo hicimos atrayendo 1.885 millones de dólares en inversión extranjera directa durante el año 2007. Lo hicimos, sobre todo, creyendo en Costa Rica. En la capacidad de sus empresarios, en la destreza de sus trabajadores y en la calidad de sus productos.
Hoy, más que nunca, es urgente que mantengamos esa confianza. Costa Rica sólo podrá aprovechar la coyuntura económica mundial si se comporta como un país que cree en sus capacidades y que explota sus potenciales. No es éste el tiempo de los lamentos. El peor error que puede cometer Costa Rica ahora, es ser presa del pesimismo y del miedo que impulsa a la inactividad. La preocupación es sana, la parálisis no. Esta nación tiene todo para salir adelante, sólo necesita concentrarse en sus fortalezas y no en sus debilidades.
Precisamente eso fue lo que hicieron ustedes, hace apenas unos días, cuando aprobaron por consenso la Ley de Banca para el Desarrollo. Otros proyectos de ley, como la Ley de Concesión de Obra Pública y varios préstamos que potencian nuestra competitividad, deben seguir el mismo curso que la Ley de Banca para el Desarrollo, porque persiguen el mismo fin.
Queremos una Costa Rica que sea más competitiva, pero sin dejar de ser solidaria. Queda pendiente en esta Asamblea Legislativa la aprobación de la reforma parcial a la Constitución Política para otorgarle rango constitucional al movimiento solidarista.
He hablado de la política social y de la política productiva como dos paredes que protegerán a nuestro pueblo de las consecuencias de una disminución del crecimiento de la economía mundial. Pero nada de eso servirá si no lo protegemos también contra los peligros que nos amenazan en nuestros barrios y ciudades. La tercera pared que he propuesto para nuestra casa nacional, es la lucha contra la delincuencia y las drogas. He visto el rostro de quienes han perdido a un ser querido en las manos de un delincuente, de quienes han sido despojados de su paz y de sus bienes por individuos que a menudo no son castigados. No hay nada de irreal en ese dolor, no hay nada de imaginación en ese miedo. Nuestra inseguridad es cierta y enfrentarla es la principal preocupación de este Gobierno.
El pasado 11 de abril, los 3 poderes de la República firmamos el Manifiesto para la Recuperación de la Paz. No combatiremos la inseguridad con proclamas agresivas, retórica incendiaria o populismo represivo, sino con la cabeza fría, con la ayuda de la ciudadanía y con el peso de la ley. Hay impunidad en Costa Rica y es preciso acabar con ella. Por eso, el presupuesto extraordinario de 14.000 millones de colones que esta Asamblea Legislativa aprobó recientemente se utilizará para contratar más policías, más fiscales y más investigadores judiciales, y para darles herramientas modernas para hacer su trabajo. Uno de esos instrumentos es el Sistema Nacional de Información sobre la Violencia y el Delito, que hemos echado a andar con la convicción de que el arma más poderosa en la batalla por la seguridad es la información precisa y oportuna para guiar las decisiones de las autoridades. Pero también necesitamos leyes más rigurosas. Hemos, por ello, presentado a esta Asamblea Legislativa el Proyecto para el Fortalecimiento de la Seguridad Ciudadana, un esfuerzo integral que se suma a otros proyectos que ya se encuentran en conocimiento de ustedes, como la reforma a la Ley de estupefacientes y sustancias psicotrópicas y la Ley contra la delincuencia organizada. Incluyo dentro de estas leyes el proyecto de Ley de Tránsito, que pretende acabar con la violencia que vemos en nuestras carreteras.
Quien perturba la paz de los ciudadanos, debe saber, entonces, que haremos lo posible y lo imposible porque pague un precio por su conducta. Necesitamos crear las condiciones adecuadas para capturar y sancionar a los delincuentes; pero, sobre todo, necesitamos crear las condiciones de inclusión social y acceso a las oportunidades para que ningún joven de esta sociedad se vea empujado al abismo de la violencia y las drogas. Por eso hemos puesto en marcha el Plan Nacional de Prevención de la Violencia y hemos empezado a ejecutar el Plan Nacional sobre Drogas, con el que damos un rumbo claro a nuestra lucha contra una de las principales causas del aumento en la inseguridad ciudadana. A esto sumaremos un esfuerzo por aumentar la inversión social en las comunidades urbanas más afectadas por la presencia de drogas, el hacinamiento, la deserción escolar y todos los problemas sociales que alimentan la violencia. La batalla contra la delincuencia no la habrá de ganar cada nueva arma en manos de un ciudadano, sino cada nueva aula de escuela en manos de una comunidad pobre, cada nuevo CEN-CINAI al servicio de un barrio marginal, cada nuevo proyecto de vivienda que sustituya las latas de un precario. Esas son las armas que nos hacen ser una sociedad más segura.
El bienestar de la población costarricense está por encima de cualquier interés personal o partidario. El Gobierno de la República está ansioso de trabajar con todos los partidos políticos, con todos los sectores sociales y con todos los habitantes para acabar con el miedo en nuestras familias y con el peligro en nuestras calles.
Sólo me resta mencionar una de las paredes de la casa que estamos construyendo: el fortalecimiento de nuestra política exterior. Si afirmamos que muchas de nuestras amenazas provienen del mundo más allá de nuestras fronteras, hemos de reconocer que muchas de sus soluciones descansan también fuera de nuestro territorio.
Las posibles soluciones a la crisis energética mundial, a la crisis alimentaria, a la recesión económica, a la destrucción del ambiente, al elevado gasto militar, no se discutirán en esta Asamblea Legislativa, sino en las organizaciones internacionales en las que Costa Rica debe tener un protagonismo basado en su fuerza moral.
Es por eso que la elección de Costa Rica al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas es un logro trascendental de este Gobierno y uno que, sin duda, nos permitirá promover frente al mundo nuestros valores e ideales.
Mi Gobierno impulsa en el ámbito internacional tres iniciativas que todos ustedes conocen: el Consenso de Costa Rica, el Tratado sobre la Transferencia de Armas y la iniciativa de Paz con la Naturaleza.
El Consenso de Costa Rica y el Tratado sobre la Transferencia de Armas son propuestas distintas pero complementarias. Con ellas buscamos estimular la inversión social en los países en vías de desarrollo, y castigar el inhumano gasto militar. El esfuerzo que desde siempre ha realizado nuestro país por mantener elevados índices de desarrollo humano, a pesar de las dificultades, es un esfuerzo que merece ser reconocido. No es posible que a Costa Rica se le castigue por su éxito, mientras se premia a otras naciones que, por su gasto militar, no logran brindar a sus habitantes niveles aceptables de bienestar.
Asimismo, en julio del año pasado lanzamos oficialmente la iniciativa Paz con la Naturaleza, con la que nos comprometemos, entre otras acciones, a convertirnos en un país neutral en emisiones de carbono para el año 2021. Nunca debemos olvidar que la Costa Rica productiva y desarrollada del futuro será verde o no será. En esto tenemos razones para sentirnos orgullosos: el año pasado nos convertimos en el país con más árboles per cápita y por kilómetro cuadrado en el mundo. Este año nos proponemos sembrar 7 millones de árboles más. Lideramos una cruzada internacional contra el calentamiento global, y somos actualmente reconocidos como un ejemplo mundial en la protección del medio ambiente.
Estas son las cuatro paredes de la casa que estamos construyendo para los costarricenses. La fortaleza de esa casa depende de la confianza que seamos capaces de generar en nuestra población y de los acuerdos que seamos capaces de alcanzar entre nosotros. Al asumir la Presidencia hace dos años, señalé: “Para todos los partidos políticos y sectores sociales del país tengo hoy un mensaje, que también es un ruego. Un ruego para que trabajemos juntos por nuestro futuro. Un ruego para que aprendamos que ningún partido y ningún grupo social tiene el monopolio de la honestidad, del patriotismo, de la buena intención y del amor a Costa Rica. Un ruego para que entendamos que el ejercicio responsable del poder político es mucho más que señalar, denunciar y obstruir, y consiste, ante todo, en dialogar, colaborar y construir. Un ruego para que sepamos distinguir entre adversarios y enemigos; para que comprendamos que no es un signo de debilidad la voluntad para transigir, como no es un signo de fortaleza la intransigencia”.
Hoy vuelvo a plantearles ese ruego, porque por cada discusión interminable que tengamos, se nos escaparán empleos y salarios; por cada obstáculo sin sentido que propiciemos, se nos escaparán estudiantes y profesionales; por cada semana que perdamos persiguiendo el espejismo de la perfección y la unanimidad, se nos escaparán oportunidades y beneficios.
Pero si, por el contrario, edificamos nuestra casa en unidad y perseguimos juntos la estrella de un destino mejor, éste será un año para ser recordado. Un año que mirarán con asombro las futuras generaciones y dirán: “ellos rescataron la buena política”. La política cristalina. La política que produce resultados. La política que soluciona problemas. La política que señala rumbos. La política que existe por y para el pueblo de Costa Rica.
Ya hemos puesto los cimientos para esa política. No me cansaré de repetir que el gran logro de este Gobierno es el de haberle devuelto a Costa Rica la confianza en sus gobernantes. Los costarricenses han vuelto a saber lo que es un Gobierno que les habla con la verdad y mirándolos a los ojos; han vuelto a saber lo que es un Gobierno que cumple con su palabra y acata su mandato; han vuelto a saber lo que es un Gobierno cuya única razón de ser es luchar por los más humildes; y han vuelto a saber lo que es un Gobierno capaz de reconocer errores y enmendar caminos. Una vez más les digo que podré errar en mis decisiones, y seguramente lo haré muchas veces, pero nunca decidiré nada con otro criterio que no sea la búsqueda del bienestar de los costarricenses.
Señor Presidente, señoras y señores diputados:
Hace dos mil quinientos años, el gran dramaturgo griego Esquilo escribió: “un solo voto puede derribar o levantar una casa”. He venido aquí cargando las preocupaciones de un Presidente, espero salir de aquí cargando la confianza de un ciudadano. Si hemos de construir una casa segura para todos los costarricenses, debemos empezar por esta casa de democracia.
Sea que veamos el vaso medio lleno o medio vacío, tenemos que entender que el vaso se encuentra apenas por la mitad. De nosotros depende que sea una copa rebosante al llegar al final. Hemos cosechado muchos éxitos, hemos conquistado muchas cimas. Los mejores días de Costa Rica están aún por venir, pero tenemos que prepararnos para ellos. Hago mías las palabras del poeta Jorge Debravo cuando dijo: “Os digo que seréis como campanas, como vientos o ritmos ... que romperéis fronteras, miedos, cárceles, soledades y círculos, que el infinito no os torturará, porque vosotros sois el infinito”. El futuro será mejor porque nosotros somos el futuro. Nuestro destino será tan grande como queramos construirlo.

Óscar Arias Sánchez
Presidente de la República