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Jueves 7 Mayo, 2009

La casa del Presidente:
una crítica saludable al discurso del 1º de mayo


El reciente discurso del señor Presidente de la República se basó en una metáfora: las horas de trabajo empleadas para la construcción de una casa que permitiera al país contar con paredes que soporten toda esa estructura llamada Costa Rica. Sin embargo, desde la perspectiva de los Derechos Humanos, podemos hacer un análisis más crítico de la forma en que se venido edificando dicha obra.
Puedo empezar diciendo que los recursos económicos destinados a esa construcción, a pesar de ser insuficientes, resultaron ser administrados con eficiencia, situación que ha generado confianza al maestro de obras y a los empleados. No obstante, existen partes de esa casa que, lamentablemente, se edificaron sin las previsiones necesarias.
Empiezo por comentarles que durante la instalación del techo se registraron varias goteras que mancharon el piso: figuras del gabinete que fueron cuestionadas por utilizar dineros para vivienda en asesorías, el escándalo de las consultorías del BCIE, la situación del memorando y la polémica concesión minera, que obligaron a varios de sus ministros a renunciar.
En el baño se colocaron piezas de calidad para contribuir con la higiene, prevención y salud de la población; excepto el agua de la ducha, que salió siempre medio turbia como en Sardinal.
El cuarto de visitas sí que estuvo ocupado con figuras políticas internacionales, especialmente de Estados Unidos y China, pues producto de ese buen trato, la casa recibió donaciones generosas. Y ni qué hablar del cuarto de estudio, construido pensando en el aumento en las pensiones del régimen no contributivo y las becas de avancemos. En la cocina y la terraza hubo de todo. Aquí se prepararon los platillos más caros para el almuerzo, servidos con un buen vino. Claro, lo malo es que quienes pagaron la actividad fuimos los costarricenses.
Los trabajos de la sala y el comedor quedaron suspendidos. Aquí todavía los habitantes están sentados a la espera de los miles de empleos que se prometieron vendrían con la aprobación del TLC. A ellos se suman los pacientes que requieren una cirugía, los pobres que requieren una mejor calidad de vida y los consumidores que sufren la lentitud para una baja en los combustibles.
El jardín de la casa siempre resultó el más maltratado, quizás porque la naturaleza no generaba muchos réditos: crucitas, amenazas al recurso agua, deterioro del ambiente. Tal vez hubo más tiempo dedicado a la conexión eléctrica y telefónica a empresas no estatales. La cochera se ve sin huecos, pero bueno, debemos esperar si la calidad de los materiales de construcción puede soportar la entrada del invierno.
Ni qué hablar de la colocación del timbre, el cual al parecer quedó mal instalado, porque a pesar de que muchos grupos han tocado la puerta reiteradamente para poder establecer un diálogo con sus ocupantes, en esa casa nadie ha salido a la puerta a atenderlos. Claro está, seguro no salen porque les da miedo la inseguridad que se vive en el país.
Por otro lado, esperemos que esta casa se haya edificado sobre bases sólidas y en terrenos aptos, porque de lo contrario, en caso de una emergencia por inundación o terremoto, las soluciones podrían tardar meses.
En síntesis, una casa que después de tres años no está terminada. Pues la casa sigue en obra gris y quizás este próximo año con la llegada del periodo electoral, lo único que avancemos sea unos cuántos repellos y pintura.


Lisbeth Quesada Tristán
Defensora de los Habitantes de la República