Arnoldo Mora

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Viernes 26 Septiembre, 2008

La caída de Wall Street

Arnoldo Mora

Sucedió lo que muchos esperábamos y veníamos anunciando. Pero, como tantas cosas en esta época de cambios vertiginosos, se dio de forma dramática y, para mala suerte de los republicanos, en las últimas semanas que anteceden a las elecciones presidenciales.
Sin embargo, pocos creían que fuese tan estrepitosa y tan fulminante. Así ha sido esta nueva (¿definitiva?) caída del capitalismo salvaje y con ello, el fin de toda una era en la historia de Occidente, por no decir de la humanidad entera.
Porque, si hemos de creer al afamado y crítico economista Stiglitz, lo que acaba de acaecer en el mundo de las finanzas mundiales, cuyo epicentro, Wall Street, constituye el distrito financiero de la ciudad que se ha convertido en la capital del mundo en las últimas décadas, Nueva York, es equivalente a lo que fue para la órbita soviética la caída del Muro de Berlín (1991). Más aún, el actual primer ministro británico, Gordon Brown, había ya dicho en la última cumbre de Davos que estábamos “en una crisis de civilización” , pues de lo que ahora se trata es, ni más ni menos, que del fin de la hegemonía mundial de las potencias occidentales, hegemonía que se venía dando desde la llegada de Colón al Nuevo Mundo, con lo que se dio origen a la modernidad.
Dicho en dos palabras, hoy asistimos al derrumbe del último gran imperio de Occidente —y, esperamos, de la humanidad— y al surgimiento de un nuevo mundo político y cultural, no unipolar sino plural y, sobre todo, planetario. Un nuevo sujeto histórico emerge, si bien quienes por el momento aparecen como cabezas visibles son las llamadas “potencias emergentes”, tales como la legendaria China de Confucio y Mao, pero también la mística India, cuna de los pueblos arios y sus lenguas indoeuropeas y, a su alrededor, la gigantesca Rusia y el mundo musulmán con el Irán de los ayatolas a la cabeza y, en nuestra América, el Brasil heredero de los Braganza (Brasil imperial) y hoy gobernado por Lula (Brasil popular).
Sin embargo, al hablar de la nueva geopolítica no debemos olvidar que, de lo que se trata, es de procesos históricos de largo alcance que se verán más lentamente, si bien de manera inexorable. Es por esta razón que, ni lerdos ni perezosos, los países latinoamericanos actuando con una rara uniformidad, en la actual Asamblea General de Naciones Unidas claman por una organización mundial que exprese esa realidad multipolar gracias a una voluntad de democratización de las propias Naciones Unidas. Pero, insisto, esos cambios en la geopolítica mundial se irán dando, no de manera tan fulminante como “la caída del Muro de Wall Street”, sino mediante reajustes y reacomodos no necesariamente rectilíneos.
Por lo que, por ahora, solo cabe celebrar la derrota de los yupis neoliberales de aquí y de todo lado, que han pretendido dominar el mundo durante la dos últimas décadas, si bien solo han logrado dejar en el hambre y la miseria a millones de seres humanos, precisamente los más desprotegidos, pero que, si luchan organizadamente, podrán transformar esta crisis en un salto hacia su propia liberación.