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Sábado, 23 de febrero de 2019



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La “Artecnología”: ligando ambos hemisferios cerebrales

Johnny Corrales [email protected] | Viernes 08 febrero, 2019

Cocoland
Cocoland es una serie animada de las empresas costarricenses Animagine Studio y Rocket Cartoons. Archivo/La República


El audiovisual es un mundo que se mueve entre el arte y la tecnología. Se tiene la libertad creativa para desarrollar proyectos y concretar visiones narrativas utilizando recursos técnicos y plataformas digitales.

El Capítulo de la Industria Audiovisual (CAIAC) de la Cámara de Tecnologías de la Información y Comunicación (CAMTIC) siempre está en búsqueda de ayudar a los espacios en donde la creatividad y la tecnología se puedan encontrar. Esto ayuda a reforzar el concepto de las economías naranja, definidas por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) como: “El conjunto de actividades que de manera encadenada permiten que las ideas se transformen en bienes y servicios culturales, cuyo valor está determinado por su contenido de propiedad intelectual.”

La IP (Intelectual Property) es el fin último de los encadenamientos tecnológicos audiovisuales innovadores como la animación digital, videojuegos, realidad aumentada, la realidad virtual, el e-learning, servicios de streaming de plataformas digitales, etc. En el fondo, todos queremos crear.

Históricamente, el audiovisual en Costa Rica ha estado más apadrinado por el sector cultura. No en vano el cine es el 7º arte. Pero hoy día, el audiovisual se nutre de muchas vertientes técnicas que influyen decisivamente en la propiedad intelectual final.

Otro sector que desarrolla la propiedad intelectual como pilar de desarrollo es el sector de Tecnología de la Información y Comunicación (TIC). Hoy, más que nunca, el sector TIC tiene un creciente contacto con el sector cultura, gracias a los subsectores representados por animación digital, filmación y videojuegos, todos ellos creadores de contenidos.

Esta relación les abre las posibilidades a las empresas culturales audiovisuales a mecanismos de cooperación, fondeo y de transmisión de conocimiento en la forma de empresas de base tecnológica. Una empresa cultural de base tecnológica tiene mayores posibilidades de recibir inversión que si no tuviese esa condición.

Actualmente, se trabaja con los ministerios de Cultura y de Ciencia y Tecnología para acercar ambas perspectivas y así poder sensibilizar a los sectores que representan para que se den los encadenamientos productivos necesarios que generen proyectos de innovación y así se colabore directamente en la economía del conocimiento.

En varios países se han desarrollado polos TIC-Culturales en donde los emprendimientos y programas de aceleración permiten a empresas que conviven en ambos mundos, desarrollarse y colaborar activamente en las economías locales y nacionales. Argentina, por ejemplo, tendrá en el 2021 la Expo Mundial cuyo tema es precisamente ese: “Las Economías Creativas en la Convergencia Digital”.

El uso de sistemas de IoT para análisis de comportamiento de usuarios es la siguiente etapa de esta simbiosis “Artecnológica”, en donde el arte y la creatividad invitan a la convivencia digital y las plataformas digitales facilitan el intercambio de ideas mientras la Inteligencia Artificial (AI) de estas plataformas brindan la información necesaria para adecuar los contenidos. Y esta interacción es extensible en el ciberspacio llegando, en el caso de mercadeo, hasta el punto de venta.

La experiencia digital puede alcanzar casi cualquier rincón del planeta gracias a la conectividad telefónica. Pero esa tecnología sería inútil sin el factor humano al cual se le llega a través de la emoción. Ese es un tema que personas como Steve Jobs conocían a profundidad. Mover al usuario emocionalmente para que se integre a la experiencia colectiva con el libre intercambio de información. El análisis de toda esta big data, a través de sistemas de Internet de las Cosas (IoT) y accesible gracias al consumo de productos audiovisuales. Darle al espectador las experiencias audiovisuales en cualquier lugar basado en el análisis de comportamientos de consumo e interacción.

Tener a la mano sistemas como el Arduino para generar los componentes para robótica que se usarán en una instalación que estará siendo filmada y transmitida vía streaming en una plataforma digital para que, con el software necesario, se inserte en un e-learning para poder interactuar con esa pieza en línea.

Esta idea es fascinante y permitiría ampliar el rango de acción del artista. Además, que estos encadenamientos facilitan iniciativas de descentralización de la economía, que conllevan beneficio para regiones económicamente deprimidas. Un buen ejemplo de esto es el proyecto del Film Friendly Zone Región Brunca, del que CAIAC ha sido proponente y partícipe. La meta es llevar el desarrollo de economías naranjas a través de la tecnología, y haciendo uso de ellas para llegar a más comunidades e integrarlas al desarrollo económico de una región o país.

Tenemos mucho talento acá en “Tiquicia”, ya es hora de usar las herramientas que tenemos a la mano para tender puentes entre uno y otro lado del cerebro. Es emocionante lo que está por venir y no me lo quiero perder por nada. ¿Y usted?