Enviar
Kung Fu se adapta al siglo XXI
Maestros del Kung Fu en China han decidido simplificar la técnica y hacerla más práctica con el uso de juegos, vídeos y música

En un barrio de Pekín, el maestro Zhang Xiaohang enseña a alumnos de ambos sexos y de todas las edades las técnicas del Kung Fu desarrolladas por sus antepasados, pero sin duda su peculiaridad está en haber sabido adaptar este arte a la sociedad del siglo XXI.
Un decena de mujeres, algunas de avanzada edad, sigue atentamente en una habitación cuyas paredes están cubiertas de espejos, los movimientos del profesor Zhang, considerado una institución del Kung Fu.
Porque Zhang pertenece a la cuarta generación de la llamada “Tercera Casa Zhang”, un conocido clan de este arte marcial que alcanzó su fama durante el reinado del emperador Tongzhi (1856-1875) de la dinastía Qing (1644-1911).
“El hermano del que fue el primer maestro del clan trabajaba como médico del emperador Tongzhi y comentó al soberano las habilidades de su familiar con el Kung Fu”, cuenta a Efe el último de los Zhang. Así fue como el primer maestro Zhang, apodado “Zuigui Zhang San (El borracho Zhang Tercero)” por su debilidad por el alcohol, se convirtió en el guardaespaldas de la madre de Tongzhi, la emperatriz regente o también llamada emperatriz viuda, Cixi, una fascinante mujer que gobernó China durante casi medio siglo.
Desde aquel momento todas las generaciones de la familia siguieron practicando las técnicas de este arte, pero siempre de forma secreta, traspasándolas solo entre los de su sangre, ya que aquellos que más destreza demostraban eran los elegidos para poder trabajar como funcionarios.
Relata Zhang que con el establecimiento de la República de China en 1912, su fundador Sun Yat-sen dejó muy claro que para fortalecer el país era necesario practicar el Kung Fu.
A partir de entonces, este arte de defensa pasó a la categoría de deporte, y se abrieron las primeras escuelas que comenzaron a desvelar a la sociedad aquellos secretos guardados durante siglos.
En 2007, el Kung Fu de “La Tercera Casa Zhang” fue elegido como el primer arte marcial de la lista del Patrimonio Cultural Intangible de China, y en 2003 Zhang abrió “La Escuela de Artes Marciales de Changzhen”, en Pekín.
“En el Kung Fu existen profundas meditaciones difíciles de entender y hay que dedicarle mucho tiempo al estudio. En la actualidad la gente no tiene tiempo para adquirir esas bases”, explica a Efe Zhang.
Por ello, el maestro consciente de que la formación tradicional del Kung Fu “es severa, aburrida y requiere muchísimos ejercicios arduos y repetitivos”, decidió simplificar la técnica y hacerla más práctica con el uso de juegos, vídeos y música.
La leyenda atribuye la invención del kung fu a Bodhidharma, un monje indio que fundó en el año 527 el Templo Shaolin, en la provincia china de Henan, donde recomendaba el cultivo de la mente a través de largas sesiones de meditación ‘zen’, para las que ideó ejercicios gimnásticos similares al ‘tai-chi’ con los que se evitaba el anquilosamiento corporal.
Esos movimientos evolucionaron hasta el Kung Fu, que llegó a Occidente en los años 70, ya convertido en arte marcial, a través de actores como Bruce Lee o Jackie Chan.
Sin embargo, para Zhang el Kung Fu no se ha desarrollado en el extranjero de la misma forma que lo han podido hacer otras artes marciales como el kárate japonés o del taekwondo coreano.
La razón es que “China además de ser un país inmenso, posee demasiadas corrientes del Kung Fu, y por otro lado también ha influido el hecho de que el Gobierno no lo ha promovido en la dirección correcta, ya que se ha convertido en una actuación de gimnasio y se ha dejado de lado su uso práctico”, comenta.
Con sus nuevas técnicas, pero sin dejar de lado las enseñanzas tradicionales este mentor se esfuerza por conseguir que el Kung Fu adquiera la importancia que tanto sus antepasados como emperadores le otorgaron antaño.

Pekín /EFE
Ver comentarios